Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

Mantenga a otros presentes en sus oraciones en este Día de Acción de Gracias

By ARCHBISHOP WILTON D. GREGORY, Comentario | Published noviembre 21, 2018

Nuestra celebración anual del Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos es una mezcla de historia y folclor. Data del año 1621 en Plymouth, Massachusetts, cuando los nativos americanos se unieron a los primeros pobladores para celebrar una cosecha exitosa con una cena abundante después de un comienzo de año difícil. Esa primera celebración ha sido identificada anualmente como la conclusión o la respuesta a momentos previos de dificultad.

Agradecemos a Dios por habernos guiado a través de cualquier experiencia dificil del pasado. Durante este último año, es probable que todos recordemos momentos desalentadores que nos han asustado y sobresaltado. A medida que nos preparamos para celebrar el Día de Acción de Gracias, tenemos muchas razones para alabar a Dios por habernos ayudado a atravesar las situaciones difíciles.

Las familias de los estudiantes de Marjory Stoneman Douglas High School en Florida, los miembros de la Sinagoga del Árbol de la Vida, los familiares afligidos en Thousand Oaks, California, aquellos que aún se están recuperando de los efectos de los huracanes Michael y Florence y quienes están combatiendo incendios en California probablemente habrán moderado su celebración del Día de Acción de Gracias este año. Sin embargo, incluso ellos podrían encontrar razones para agradecer a Dios por la repuesta y el cuidado de los primeros socorristas, por la compasión de sus vecinos y por la generosidad de completos extraños que los han acogido y apoyado en medio de su dolor y profunda tristeza.

Las pruebas que hemos enfrentado como individuos o en nuestras familias pueden palidecer en comparación con la tristeza que muchos han tenido que enfrentar este año. Sin embargo, todos estamos unidos para alabar a Dios por las bendiciones que hemos recibido.

El primer Día de Acción de Gracias fue un momento en que los peregrinos recién llegados y los nativos compartieron una comida de agradecimiento después de un invierno particularmente brutal. A medida que celebramos nuestras Misas de Acción de Gracias a través de esta Iglesia local y universal, nosotros los católicos compartiremos una Comida de Acción de Gracias que nos une a través de la diferencia de culturas, idiomas, razas y etnias. La Eucaristía, el acto de Acción de Gracias más importante de la Iglesia, es el regalo y la promesa de Dios.

En esta fecha de Acción de Gracias, todos debemos llevar en nuestras mentes y corazones a aquellas personas que todavía están enfrentando grandes penas en este día que de lo contrario sería festivo. Aquellos que han sido víctimas de actos de violencia armada, desastres naturales y otras formas de terror deben saber que continuamos teniéndolos presentes en nuestras oraciones.

Hace cincuenta años, nuestra Iglesia recibió otro motivo para agradecer a Dios por su bondad y cuidado pastoral cuando el diaconado fue restaurando y generalizado como un ministerio activo en la vida de la Iglesia. La Iglesia de los Estados Unidos de América tiene el número más grande de diáconos de cualquier nación, y nosotros en la Arquidiócesis de Atlanta tenemos casi 300 de estos generosos ministros del Evangelio. Son pocas las situaciones pastorales que no se han beneficiado del ministerio de nuestros diáconos a lo largo de los años. Ellos consuelan y visitan a los enfermos, ayudan a preparar a las parejas jóvenes para el matrimonio, consuelan a los afligidos, visitan a los presos, ayudan a los viajeros de Hartsfield-Jackson a encontrar un lugar tranquilo para asistir a misa y orar, se ponen de pie en los altares de nuestras iglesias para proclamar la Buena Nueva de Cristo y distribuir la eucaristía. Ellos bautizan a los bebés y felicitan a los nuevos padres. Son el rostro del Siervo Jesús y debemos alabar a Dios por su bondad y servicio.

A diferencia de los diáconos transitorios en nuestros seminarios que tienen un tiempo limitado para ejercer el diaconado, estos diáconos permanentes se convierten en nuestros vecinos y feligreses y nos recuerdan que Cristo se encuentra dondequiera que la caridad se manifiesta en carne y hueso. Dios bendiga a los diáconos de la Arquidiócesis de Atlanta y a sus familias que los aman y los apoyan en su ministerio.

¡Feliz Día de Acción de Gracias, queridos hermanos y herman.