Georgia Bulletin

Noticias de la Arquidiócesis Católica de Atlanta

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Sister Dalva of the Risen Jesus, PJC, right, sits with a member of the Rome community as he eats the food the sisters provided. Every Monday the Sisters of the Poor of Jesus Christ bring hot food, sandwiches, drinks, clothes, medical supplies and rosaries to the homeless and low-income residents of Rome. Photo by Julianna Leopold


Rome

Las Hermanas Pobres de Jesucristo atienden las necesidades físicas y espirituales de los pobres

By MEG BUTLER, Colaboradora del Bulletin | Published 16 junio, 2026  | Available In English

«Enviados a servir: Perfiles de la vida religiosa en Atlanta» es una serie habitual de The Georgia Bulletin que da a conocer la labor de los sacerdotes y religiosos que sirven en la arquidiócesis.     

ROME—Desde distintos puntos de la ciudad, varias personas se dirigían a un estacionamiento situado entre las vías del tren y un centro comercial para encontrarse con tres religiosas católicas que oraban y repartían alimentos desde el maletero de su furgoneta. Algunas se acercaban en bicicleta y otras a pie, para recoger bolsas con sándwiches, una comida caliente y otros víveres: provisiones que les servirían de sustento por varios días.

Las Hermanas Pobres de Jesucristo, una comunidad de tres religiosas que viven en la cercana localidad de Cedartown, acuden a este estacionamiento cada lunes para repartir alimentos, como parte de su carisma de servicio a los pobres. Las personas sin hogar y los residentes de bajos recursos de Rome han escuchado hablar del ministerio callejero de las religiosas principalmente gracias a otras personas.

«Nuestra misión está basada en Mateo 25: tuve hambre y me diste de comer; estuve desnudo y me vestiste», explicó la Hermana Myrian del Crucificado. «Si hacemos esto por los necesitados, lo hacemos por Él (Cristo)».

En un atardecer reciente, a medida que el sol se ocultaba, las religiosas saludaban con abrazos a algunos rostros conocidos, invitando a conversar a quienes recibían los alimentos, si así lo deseaban. Algunas personas se quedaban para compartir sus vivencias con las religiosas, mientras que otras se retiraban hacia zonas boscosas cercanas con las bolsas de comida colgando del manubrio de sus bicicletas.

«Estar aquí, sirviendo a las personas que Dios nos ha confiado es significativo, porque Jesús nos llama a llevar esperanza y luz a quienes quizá  carezcan de ellas en este momento», señaló la Hermana Dalva de Jesús Resucitado. «Nuestro fundador nos recuerda que debemos ser familia para los pobres. Es mucho más que solo repartir comida».

La comunidad de las Hermanas Pobres de Jesucristo fue fundada en Brasil en 2001 por el Padre Gilson Sobreiro, quien sintió el llamado de servir a jóvenes que sufrían pobreza, adicciones, violencia, desempleo y la desintegración familiar. Una década más tarde, la primera misión norteamericana se estableció en Kansas.

Actualmente, la congregación cuenta con 80 misiones en 16 países. En los Estados Unidos, hay cuatro casas de misión: en Kansas, Baltimore, Los Ángeles y Cedartown.

La misión de Cedartown, llamada Fraternitas St. Katharine Drexel, comenzó a principios de 2022 por invitación del Padre Tim Gallagher, entonces párroco de la iglesia católica de St. Bernadette. El antiguo edificio parroquial fue acondicionado como un convento sencillo donde hoy viven y oran tres religiosas.

Las hermanas siguen un horario diario que incluye oración personal, oración comunitaria y la participación en la misa. Comen juntas, realizan tareas domésticas y disponen de tiempo libre para leer o planificar retiros.

Además de proporcionar alimentos, la congregación sirve a la comunidad parroquial de St. Bernadette, compuesta mayoritariamente de hispanos y personas que hablan español. Han acompañado a familias en duelo y ayudado a matrimonios que atraviesan dificultades. Asimismo, dirigen actividades de formación, como la capacitación de ministros extraordinarios de la Eucaristía y la organización de retiros de confirmación y para catequistas.

La Hermana Myrian añadió que las religiosas están buscando y orando para que surja una nueva iniciativa para ampliar su servicio en la zona.

La Hermana Dalva de Jesús Resucitado, PJC clasifica montones de ropa donada. Separa las prendas en ropa de hombre y de mujer para entregarlas a la comunidad de personas pobres y sin hogar de Rome. Foto de Julianna Leopold

Frutos espirituales 

La Hermana María del Jesús Obediente ha descubierto que vivir en Cedartown la ha impulsado a reconocer que la pobreza puede adoptar muchas formas, además de la material. Las personas pueden sentirse solas, deprimidas o ansiosas y necesitar del acompañamiento que las religiosas aportan a Cedartown y Rome, señaló.

“Venimos aquí para crear comunidad con ellos, para rezar con ellos y para alimentarlos”, dijo la Hermana María. “Renonocemos la importancia del fruto material, pero también del espiritual, y de reconocer que Cristo está con nosotros. Aquí, en Cedartown y Rome, he aprendido a ver la pobreza en todos nosotros”.  

La Hermana María vivía en una casa de misión en Ontario, Canadá, antes de profesar sus votos en enero y trasladarse a Cedartown. En Ontario, se veían más personas pobres y sin hogar que en Cedartown, comentó.

Asimismo, la Hermana Dalva señaló que no ve tantas personas sin hogar como las que veía en su misión anterior en Baltimore, pero que los pobres tienen necesidades similares dondequiera que ella vaya.

“Lo vemos a Él (a Cristo) en cada cultura, en cada idioma”, afirmó. “Dios está presente y, como misioneras, debemos estar abiertas a ese llamado”.

Un lunes típico por la tarde en Rome, las religiosas y los voluntarios sirven comida a entre 25 y 30 personas. Algunas semanas, también ofrecen ropa.

Las religiosas de la congregación de las Hermanas Pobres de Jesucristo profesan votos de castidad, pobreza y obediencia. También profesan un cuarto voto, llamado de disponibilidad, que significa estar abiertas al llamado de Dios, tal como lo estuvo María cuando acudió rápidamente a visitar a su prima Isabel.

La Hermana Dalva dijo que comenzó a sentir el llamado de Dios a su vocación cuando tenía 13 años y se preparaba para su primera comunión. Se siente inspirada por Santa Teresa de Calcuta, quien decía que los cristianos están “llamados a servir a los más pobres de los pobres». Vivir una vida de sencillez y pobreza es su camino hacia la santidad, afirmó.

Marlen Baldizón es voluntaria de la iglesia Our Lady of Perpetual Help en Carrollton. Ella cocina una comida caliente una vez al mes para distribuirla junto a las religiosas. Según comentó, las religiosas la han ayudado a ser valiente en su servicio a los pobres.

“Son mis angelitos. Son el puente para llegar a personas a las que nunca pensé que llegaría”, dijo Baldizon, quien conoció a las hermanas durante un retiro. “Me encanta servir. Servir es estar vivo”.


Nota de la editora: La próxima historia de la serie «Enviados a servir» será una visita a los monjes trapenses de Conyers.

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