Photo by Julianna LeopoldNorcross
Cuatro caminos únicos moldean trayectoria de nuevos sacerdotes de Atlanta
Published 1 junio, 2026 | Available In English
NORCROSS—Estudios teatrales, contabilidad, servicio militar y un camino a temprana edad hacia el seminario condujeron a cuatro hombres al mismo altar.
El 30 de mayo, el Arzobispo Gregory J. Hartmayer, OFM Conv., recibió las promesas de obediencia de Eric Baylot, Jacob Butz, Juno Lee y Sean Lee; bendijo sus manos con los santos óleos y los ordenó sacerdotes de la Arquidiócesis de Atlanta.
La Iglesia Holy Vietnamese Martyrs en Norcross se llenó más allá del tope de familiares, amigos y buenos deseos, incluyendo visitantes de fuera del estado, que asistieron a la ordenación. El Coro de la Catedral Christ the King, acompañado por el Quinteto de Metales y el Timbalero de la Sinfónica de Atlanta, llenó la iglesia con una majestuosa música de órgano, mientras decenas de sacerdotes y diáconos se unían a los obispos John N. Tran, Bernard E. Shlesinger III y Joel M. Konzen, SM, para la celebración.
Llamados a servir
En su homilía, el arzobispo afirmó que estos hombres habían sido llamados a servir siguiendo una invitación que inicialmente había provenido de Dios, añadiendo que el sacerdocio es un ministerio de humildad, ya que los sacerdotes reciben dones que ninguno de ellos ha ganado por mérito propio.
“Ustedes no son el origen de lo que sucede en este altar”, dijo el arzobispo. “Ustedes son el instrumento”.
La oración es el fundamento de su servicio como sacerdotes. Es vital para su ministerio y, sin esta, sus esfuerzos corren el riesgo de no dar fruto. Forma parte de esa “única vida integrada” que entrelaza la oración, la obediencia y el celibato, señaló.

El Obispo John N. Tran, a la derecha, besa las manos consagradas del Padre Eric Baylot, uno de los recién ordenados, durante la misa de ordenación en la Iglesia Holy Vietnamese Martyrs, el 30 de mayo. Foto de Julianna Leopold
Los cuatro jóvenes forman ahora parte de una comunidad más amplia, vinculada a sus hermanos sacerdotes de la Arquidiócesis de Atlanta. El arzobispo los animó a mantenerse en contacto, a compartir las dificultades y alegrías de la vida y a preocuparse los unos por los otros.
“El mundo no necesita ‘Llaneros Solitarios’ heroicos con cuellos clericales; necesita una fraternidad de hombres humildes, orantes y alegres”, afirmó.
Caminos hacia el altar
Para los cuatro hombres, el ritual marcó el fin de años de discernimiento, estudios, un año de servicio parroquial y el paso por el diaconado.
Eric Baylot, de 30 años, eligió su vocación tras haber estudiado teatro en la Universidad de Georgia. El recién ordenado creció en Norcross, donde asistió a la Iglesia Mary Our Queen. Tiene tres hermanos y es hijo de Michael y Jeannine Baylot. El nuevo sacerdote compartió que había comenzado a encontrar su vocación después de “correr mucho en medio del miedo”, hasta llegar a tener “experiencias de oración muy poderosas” durante la adoración eucarística.
Jacob Butz, de 31 años, trabajó como contador. Se crio en una familia de cinco miembros y es hijo de Kevin y Karen Butz. Creció en Woodstock, junto a sus dos hermanos. La familia asistió a la Iglesia St. Michael the Archangel. Mientras cursaba sus estudios en la Universidad Estatal de Kennesaw, trabajó como misionero de verano para la organización Life Teen y comentó que fue precisamente cuando sirvió en este campamento que sintió por primera vez el deseo, proveniente de Dios, de servir como sacerdote.
Juno Lee, de 33 años, cumplió con su servicio militar obligatorio en Corea del Sur antes de escuchar el deseo de servir como sacerdote, el cual albergaba desde su infancia. Describió este proceso como una guía divina que recibió “paso a paso”, moldeada por el testimonio alegre de los sacerdotes en Corea, país donde aproximadamente el 11 por ciento de la población es católica. Su padre Yoon-Su Lee y su madre Yu-Kyung Hwang residen en Corea del Sur y tiene dos hermanos. Un encuentro fortuito que ocurrió hace años confirmó su vocación: mientras enfrentaba la duda de si debía o no ingresar al seminario, una mujer se le acercó después de misa y, ajena a su conflicto interior, lo animó diciéndole, “Mantén la mirada al frente y sigue adelante”.
Sean Lee, de 27 años, ingresó al seminario tras finalizar sus estudios de secundaria. Originario de Lilburn, creció asistiendo a la Iglesia St. John Neumann. Es hijo de Bill y Christine Lee y tiene dos hermanos. Durante el verano previo a su primer año de secundaria, asistió a la Conferencia Juvenil de Steubenville, donde sintió “un suave llamado en el corazón” para considerar el sacerdocio. Ese sentimiento nunca lo abandonó. Tras recibir la orientación de un sacerdote cercano y respetado, y después de haberse graduado de la secundaria, solicitó su ingreso al seminario. Forjado por esa experiencia, el Padre Lee comentó que siente “una pasión especial por acompañar a los adolescentes y jóvenes, ayudándolos a descubrir la presencia del Señor en la vida de la Iglesia y a construir una fe viva y personal”.

El Padre Juno Lee, uno de los nuevos sacerdotes, imparte la comunión por primera vez tras su ordenación en la Iglesia Holy Vietnamese Martyrs el 30 de mayo. Foto de Julianna Leopold
Primeras bendiciones
Tras la ordenación, la multitud de personas que acudieron a compartir sus buenos deseos llenó el salón parroquial para recibir las primeras bendiciones de los nuevos sacerdotes.
Marissa y Steven Couch hicieron fila para saludar a su amigo de toda la vida, el Padre Juno Lee. Marissa lo conoció inicialmente por su trabajo con estudiantes de secundaria en la Iglesia St. Brigid, en Johns Creek. Steven, quien aistió con él al Seminario y Colegio de San José, comentó que, aunque su antiguo compañero de estudios pudiera parecer tímido, es una persona extraordinaria que antepone las preocupaciones de los demás a las suyas propias.
“Te hace sentir como si fueras la única persona presente en la sala”, afirmó.
En la parroquia, Marissa vio al Padre Lee conversar con los jóvenes de secundaria: inicialmente como solo un observador, y más tarde ganándose su respeto al derrotarlos estrepitosamente en los videojuegos. Él irradia una gran alegría y, sin duda, “compartirá profundamente las alegrias de muchos de sus feligreses”, dijo.
Un grupo de la Iglesia St. John Neumann asistió para presenciar la ordenación de quien fuera su feligrés: el Padre Sean Lee. La parroquia de Lilburn dijo que iba a ser anfitriona de su primera misa, un evento que, según pronosticaron, iba a desbordar la capacidad del templo.
Jeffrey Newman, quien está asitiendo a clases para ordenarse como diácono permanente, comentó que uno de los dones del Padre Lee es su capacidad para conectar con todo tipo de personas.
“Sabe cómo dirigirse a personas de todas las edades y cómo acercarlas a Jesús en el momento vital que les corresponde”, explicó Newman.
Emily Snipes, quien es la subdirectora de la Escuela Regional St. John Neumann en Lilburn, conoce al Padre Lee desde que él comenzó a servir en el altar, cuando aún no había cumplido los diez años. Verlo convertirse en sacerdote fue, en sus propias palabras, una experiencia comparable a presenciar la boda de un hijo propio.
El nuevo sacerdote posee una fe vibrante que servirá de inspiración para los demás, aseguró ella.
“No me sorprendería en absoluto que su influencia contribuya a atraer a más personas hacia el sacerdocio o la vida religiosa”, concluyó Snipes.