OSV News photo/Yara Nardi, ReutersEl Vaticano declaró a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ‘en cisma’. ¿Qué significa esto?
Published 2 julio, 2026 | Available In English
(OSV News)–El Vaticano ha declarado a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (SSPX) “en cisma” después de que este grupo tradicionalista consagrara a cuatro obispos sin mandato papal, lo que marca la ruptura más grave en la Iglesia desde las consagraciones episcopales no autorizadas del arzobispo Marcel Lefebvre en 1988.
En una medida sorprendente, el Vaticano también declaró inválidos los sacramentos de la penitencia y el matrimonio si se celebraban dentro de la fraternidad cuyos adherentes son a veces conocidos como lefebvristas.
El decreto también señaló: “Se advierte a los clérigos y a los fieles laicos que no se adhieran al cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ya que incurrirían ipso facto en la pena de excomunión latae sententiae”.
En un caso en que la historia se repite tras la excomunión en 1988 del fundador de la sociedad junto con cuatro obispos a quienes él consagró sin mandato papal, el Vaticano excomulgó el 2 de julio a cuatro obispos de la FSSPX consagrados sin la autorización del Papa en el seminario de la sociedad en Écône, Suiza, junto con dos obispos que dirigieron la celebración litúrgica del 1 de julio.
A pesar de las advertencias dirigidas al Superior General de la FSSPX, el obispo Alfonso de Galarreta dirigió la liturgia de consagración el 1 de julio, acompañado por el obispo Bernard Fellay, y así “cometió un acto de naturaleza cismática mediante la consagración episcopal de cuatro presbíteros, sin mandato pontificio y en contra de la voluntad del Sumo Pontífice”, afirmó el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en un decreto del 2 de julio, publicado en italiano.
Los obispos rebeldes, señaló el DDF, “han incurrido ipso facto en una excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica”, donde latae sententiae significa “automática” o “por el propio acto” en latín.
Los cuatro obispos de la FSSPX recién consagrados –los padres Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier– también fueron excomulgados, señaló el DDF en un documento firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del DDF; el arzobispo John Kennedy, secretario de la sección disciplinaria; y monseñor Armando Matteo, secretario de la sección doctrinal del dicasterio.
Se requiere el mandato apostólico para proceder a las consagraciones episcopales, y la fraternidad no contaba con él para la ceremonia del 1 de julio, un hecho que reconocieron públicamente.
Durante las consagraciones episcopales, el padre Foucauld Le Roux, secretario general de la fraternidad sacerdotal, leyó la declaración en la que la fraternidad “expone las razones que justifican estas consagraciones en las circunstancias actuales de la Iglesia”, afirmando que “las autoridades de la Iglesia están imbuidas de un espíritu contrario al de la Fe y obran contra la Sagrada Tradición”.
El Padre Davide Pagliarani, superior general de la sociedad, en su sermón del 1 de julio calificó la consagración como “medios excepcionales, proporcionados a esta necesidad” y en consonancia con el “deber de conservar la fe que la Iglesia siempre ha enseñado”.
Al señalar que “hay quienes podrían considerar que estamos ante un dilema”, el padre Pagliarani afirmó que la FSSPX no eligió “entre la fe y la Iglesia”.
La exposición de motivos que acompañó al decreto del DDF incluía medidas que afectaban tanto a los ministros de la sociedad como a los fieles laicos, precedida por la nota de que desde la época de San Pablo VI “hasta las últimas conversaciones, celebradas recientemente en este Dicasterio, los múltiples intentos por reconducir a los adherentes al movimiento iniciado por monseñor Marcel Lefebvre a la plena comunión con la Iglesia católica han resultado infructuosos”.
Al señalar que “esta situación se ha agravado aún más a causa de las recientes consagraciones episcopales celebradas sin mandato pontificio, en contra de la voluntad del Santo Padre y en abierta violación del derecho canónico”, el dicasterio afirmó que “dicho acto constituye el delito de cisma, con las consecuencias canónicas que ello conlleva para los ministros sagrados y los fieles laicos implicados”.
En un memorándum firmado por el mismo grupo de prelados que el decreto, el DDF afirmó que “los ministros sagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X se encuentran en cisma y, por lo tanto, deben ser considerados cismáticos”, citando la carta de 1988 de San Juan Pablo II “Ecclesia Dei” y la Nota Explicativa de 1996 del Consejo Pontificio (ahora Dicasterio) para los Textos Legislativos sobre la excomunión por cisma incurrida por los adherentes al movimiento del arzobispo Lefebvre (1905-1991).
Según el canon 751 del Código de Derecho Canónico, el cisma es “el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos”.
Según el punto cinco de la Nota Explicativa de 1996, la “excomunión de latae sententiae por cisma afecta a aquellos fieles laicos que ‘se adhieren formalmente’ a dicho movimiento cismático”, señalando que la “adhesión formal al cisma” debe “implicar dos elementos complementarios”. Uno es de “naturaleza interna”, y consiste en “compartir libre y conscientemente la esencia del cisma”, es decir, que seguir el camino del fundador de la FSSPX “se anteponga a la obediencia al Papa”; y el segundo es de “carácter externo”, cuyo signo más evidente será “la participación exclusiva en los actos ‘eclesiales’ lefebvrianos, sin tomar parte en los actos de la Iglesia Católica”.
Según el canonista padre Jan Dohnalik, canciller de la Arquidiócesis de Cracovia, Polonia, la expresión “participación exclusiva” significa que “la participación ocasional de los laicos no implica automáticamente participar en el cisma, pero sí lo hace la elección consciente y permanente de participar en las liturgias de la FSSPX”. Por ejemplo, “si un familiar o amigo del obispo consagrado sin mandato papal simplemente asistiera a esa Misa del 1 de julio, no se encontraría automáticamente en cisma con la Iglesia Católica; pero si decidiera deliberadamente participar en las liturgias de la FSSPX en el futuro, ignorando la autoridad papal del Pontífice Romano, eso sí sería participar en un cisma”.
La extensa lista de documentos relacionados con la FSSPX, que abarca casi cuatro décadas, demuestra el largo proceso del Vaticano para tratar de llegar a un acuerdo con el grupo tradicionalista.
Durante décadas –desde 1988, cuando San Juan Pablo II excomulgó al fundador de la Fraternidad, el arzobispo Lefebvre, y a cuatro obispos consagrados sin mandato papal en su carta apostólica “Ecclesia Dei”–, el Vaticano había buscado diversas formas de reintegrar a los miembros de la FSSPX a la vida de la Iglesia Católica.
El Papa Benedicto XVI levantó las excomuniones de los cuatro obispos en 2009, lo que abrió el camino para conversaciones más regulares.
Durante el Año de la Misericordia 2015-2016, el Papa Francisco estableció disposiciones especiales para validar la absolución otorgada por los sacerdotes de la FSSPX a través del sacramento de la confesión. Una vez concluido el Año Santo, extendió esa disposición “de modo que a nadie le falte el signo sacramental de la reconciliación a través del perdón de la Iglesia”.
En abril de 2017, el difunto pontífice siguió impulsando iniciativas encaminadas a la reconciliación con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (también conocida como SSPX por sus siglas en inglés), al permitir que sus obispos garantizaran la validez de los matrimonios celebrados en las comunidades tradicionalistas.
El Obispo Galarreta es la encarnación de la misericordia que el Vaticano ha mostrado desde hace mucho tiempo hacia la FSSPX. Fue consagrado obispo por el arzobispo Lefebvre en 1988 y fue excomulgado por San Juan Pablo II, pero en 2009, el Papa Benedicto XVI declaró la remisión de la excomunión. Y ahora, en 2026, ha sido excomulgado por segunda vez tras dirigir la celebración litúrgica de las consagraciones episcopales el 1 de julio.
Tras la ceremonia del 1 de julio, el Vaticano tomó medidas para extender su decreto a toda la Fraternidad, incluidos los laicos, y declaró que los fieles laicos “que se adhieran formalmente a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X” en las condiciones establecidas en la Nota explicativa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos de 1996 “se considerarán cismáticos y excomulgados”.
La Santa Sede advirtió que “los ministros consagrados de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X administran los sacramentos de forma ilícita”, declarando inválidos los sacramentos de la penitencia y el matrimonio administrados por sacerdotes de la FSSPX.
La celebración de la Misa y la confección de la Eucaristía, al ser realizadas por un sacerdote ordenado, siguen siendo válidas, aunque ilícitas. Los sacramentos de la penitencia y el matrimonio requieren una autorización, o facultad, de la que carece la fraternidad.
Según el canon 966 del Código de Derecho Canónico, “para absolver válidamente de los pecados se requiere que el ministro, además de la potestad de orden, tenga facultad de ejercerla sobre los fieles a quienes da la absolución”; a un sacerdote se le puede otorgar esta facultad “tanto ipso iure como por concesión de la autoridad competente”.
Según el canon 1111, “mientras desempeñan válidamente su oficio, pueden delegar a sacerdotes y a diáconos la facultad, incluso general, de asistir a los matrimonios dentro de los límites de su territorio”; en el caso de obispos consagrados sin mandato papal, la autoridad local para otorgar dicha facultad no existe.
El Padre Dohnalik señaló que se debe advertir a los fieles de la Iglesia que recibir los santos sacramentos en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X “conlleva una amenaza real para la vida de fe, y que sacramentos tan importantes como la penitencia y el matrimonio son simplemente inválidos”.
“La Iglesia, como madre bondadosa, acogerá con sincero afecto y viva solicitud a todos aquellos que deseen volver a la plena comunión”, concluyeron los prelados de la DDF, señalando a los nuncios apostólicos como quienes “establecerán los procedimientos que los Ordinarios podrán utilizar en los distintos casos”.
El canonista destacó en una conversación con OSV News que la medida tomada por el pontífice, cuyo lema episcopal es “In Illo uno unum” –o, literalmente, “En el Uno, somos uno”–, fue un paso muy necesario para la unidad de la Iglesia.
“Precisamente porque la unidad de la Iglesia es tan querida para el corazón del Santo Padre, tuvo que anunciar la amenaza que representa este trágico paso dado por los lefebvrianos”, dijo el padre Dohnalik, y agregó que el Papa estaba actuando “como un buen pastor que no rehúye el peligro, sino que quiere proteger a su rebaño”.
El canonista recordó que, en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, el Papa León instó al superior de la sociedad a apartarse del camino de la división y a abstenerse de seguir adelante con el acto cismático “porque desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad”.
“Preocupado por los fieles que tal vez no comprendan el inmenso daño espiritual asociado a la separación de la comunión con el Papa y la Iglesia, el Santo Padre tomó esta medida, triste pero necesaria, de declarar la excomunión, la cual simplemente pone de manifiesto las dramáticas consecuencias de este acto cismático”, declaró el padre Dohnalik a OSV News.
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) señaló en el memorando que “se exhorta a todos los fieles a permanecer firmes en la comunión con el Romano Pontífice, con los obispos en comunión con él y con toda la Iglesia” y a “abstenerse de participar en las celebraciones y actividades” promovidas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX)