Photo by Julianna LeopoldCornelia
Escuela cerrada se transforma en iglesia misionera para católicos de Habersham
By ANDREW NELSON | Published 19 marzo, 2026 | Available In English
CORNELIA—Varios obreros trabajaban en el interior del antiguo gimnasio de ladrillo rojo, transformando el amplio espacio en un santuario. Una estructura metálica atravezaba el techo expuesto. Escalones rodeaban el lugar que ocuparía el altar y donde los fieles serían sumergidos en la pila bautismal. Partes de bancas de madera esperaban para ser ensambladas. Muy cerca de allí, decenas de jovecitos llenan las aulas en las que solían recibir clases de religión.
Lo que comenzó como un proyecto de tutoría es hoy un ancla para la comunidad. Este edificio escolar clausurado se ha convertido en el centro de encuentro de una comunidad de inmigrantes situada en el extremo noreste de la Arquidiócesis de Atlanta.
La transformación alcanza un hito
La comunidad dedicará una nueva capilla a finales de marzo, duplicando con creces su espacio de culto. El Arzobispo Gregory J. Hartmayer, OFM Conv., presidirá la ceremonia de dedicación.
«Cuando vienen y entran a Santo Domingo, es allí donde se sienten amados por Dios», dijo el Padre José R. DeLeón, párroco. «Este es un lugar hermoso donde pueden sentir amor».
La transformación requirió un trabajo arduo, realizado con el esfuerzo de muchas manos. La antigua escuela del condado —erigida en la década de 1940— permaneció vacía durante un tiempo, con sus ventanas rotas por vándalos.
Jennifer Hinson, maestra jubilada, recuerda los pasillos llenos de vida y alumnos de sexto grado en la epoca en la que impartía clases allí. Según comentó, tanto los antiguos maestros como los vecinos que pasan por el lugar se alegran de ver que el edificio vuelve a cumplir una función útil.
Hinso, quien asiste a misa en este lugar y en la cercana Iglesia St. Mark, afirmó que la presencia del Espíritu Santo trasciende su limitado dominio del español y las diferencias culturales, permitiéndole brindar su servicio.
La maestra jubilada recordó las primeras misas que se celebraron en Santo Domingo, cuando el gimnasio era, básicamente, un espacio vacío. A pesar del calor del verano y del frío del invierno, cientos de personas asistían a ellas; tal como Hinson describió, el lugar se sentía como un verdadero hogar.
«Es una experiencia sumamente edificante; diría que es un ambiente de gran aceptación, que te invita a absorverlo todo. Simplemente te envuelve en una sensación de profundo afecto», comentó, sentada en una de las oficinas recientemente renovadas.
El Padre DeLeon, quien llegó de Washington D.C. en 2024, fue investido recientemente como párroco. Este sacerdote, oriundo de Nueva Jersey, describió a esta comunidad rural como «un lugar con un ambiente muy hogareño».

William Sebastian Pascual sonríe durante el segundo año de su clase de preparación para la primera Comunión. Los estudiantes se reúnen los miércoles para asistir a clases de educación religiosa en el centro comunitario y la escuela de la Misión de Santo Domingo, en Cornelia. Foto de Julianna Leopold
El sacerdote ejerce su ministerio en dos comunidades del condado de Habersham, separadas por una distancia de unos 15 minutos. Los católicos asisten a misa en la Iglesia St. Mark, en Clarkesville, y en la más reciente Misión de Santo Domingo, en Cornelia, situada a unas 80 millas al noreste de Atlanta.
La iglesia St. Mark, fundada en 1964, sirve a unas 800 familias, una mezcla de personas jubiladas y familias hispanas jóvenes.
La nueva comunidad misionera, llamada Santo Domingo, es una extensión de la parroquia. La misión en Cornelia es más pequeña, más humilde y predominantemente hispana; cuenta con muchas personas originarias de Guatemala, atraídas por las oportunidades laborales en la construcción y en la industria avícola.
Aproximadamente 29 de cada 100 habitantes en Cornelia son latinos, según las estadísticas gubernamentales. En todo el condado, cerca del 15 % de la población es hispana.
A medida que llegaban las familias hispanas, el anterior párroco —el Padre José Hernández Ayala— y un grupo de miembros dedicados de la iglesia se dieron cuenta de la necesidad de salir a evangelizar y de mantener una presencia activa en esta comunidad más pequeña.
En 2016, la arquidiócesis adquirió una escuela que había cerrado sus puertas, situada en el corazón de un barrio residencial, lo que transformó el edificio en un centro educativo, ofreciendo clases de apoyo escolar a los estudiantes de la comunidad que presentaban dificultades académicas. Más tarde, el lugar se convirtió en un centro de catequesis y en un espacio para celebrar la Santa Misa y eventos comunitarios.
Hace poco, un miércoles en la tarde, el edificio bullía con unos cuantos cientos de jóvenes que asistían a clases de educación religiosa.
El Padre DeLeon cree que la misión es más que un proyecto de construcción.
«Es Dios obrando en las personas» que ven la capilla como propia, dijo. «Es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos».
Ayudando a construir la iglesia
Uno de los planes iniciales fue derribar las paredes de la antigua biblioteca para convertirla en capilla, además de modernizar las aulas. Los 200 asientos de la capilla se llenan rápidamente para la misa del sábado por la noche y sillas adicionales se acumulan en el pasillo.
Para Virginia Pascual, de 29 años, es un orgullo ver a dos de sus hijos participar en la misa: uno en el coro y el otro sirviendo en el altar.
Pascual, quien emigró de Guatemala y ahora trabaja en una fábrica local, quiere que sus hijos aprendan que la Iglesia no es algo que se da, sino algo que ellos ayudan a construir, dijo en español. Pascual les enseña la importancia de sus contribuciones, ya sea ayudando a restaurar bancas de madera donadas o vendiendo pupusas, tacos y tamales después de la misa.
Hace unos años, trabajando como niñera, a pesar de ganar poco, Pascual contó que donó todos sus ahorros de $1,000 cuando la parroquia vendió ladrillos conmemorativos para la futura plaza.
Ver la iglesia terminada es un sueño, dijo Pascual.
Víctor y Teresa Escamilla viven a pocas cuadras de distancia. Han sido parte del proyecto desde que se ofreció la tutoría en una casa móvil. Víctor, un camionero de 55 años, dijo que para él el hecho de que la creciente comunidad se encuentre en la misión es una señal de «las riquezas del cielo».
Cada vez más personas se presentan y contribuyen a esta obra, afirmó.

María es una presencia acogedora para los estudiantes que asisten a las clases de formación en la fe en Santo Domingo, en Cornelia, donde la comunidad aguarda con expectativa la dedicación de su capilla. La misión se encuentra en una vieja escuela de barrio que había cerrado sus puertas. Fotografía de Julianna Leopold
La pareja vendió boletos para una rifa de un auto, pero, para Teresa, quien pasa muchas horas a la semana aquí, la lección más importante es cómo la ha motivado a hablar con los vecinos, ya sea en el parque o por el pueblo, compartiendo sobre el trabajo de la comunidad.
“Más que ver cambiar el edificio, veo que muchos corazones cambiarán. Hay un nuevo tipo de comunión entre los hermanos.
La comunidad en el corazón del diseño
La atención de la comunidad se centra ahora en el gran gimnasio, con planes para la construcción del nuevo y más amplio santuario, el cual contará con luz natural que se filtrará a través de ventanales de piso a techo y dispondrá de asientos suficientes para la creciente congregación.
Jeff Roche, quien pertenece a la Iglesia St. Mark desde hace mucho tiempo, sirve como gerente voluntario del proyecto para su construcción, encargándose de solicitar los materuales y de dirigir a los voluntarios.
Para él, el proyecto es un ejemplo de la «universalidad de la Iglesia», ya que personas de Texas e Italia han acogido la visión y han contribuido con mano de obra y materiales. Una empresa de Texas se encargó de verter el concreto para el santuario. Varias parroquias de Nueva York y Washington, D.C., donaron las bancas.
El nuevo santuario duplica con creces la capacidad de la capilla original de 200 asientos, ofreciendo espacio para 480 fieles, además de una zona adicional con capacidad para 250 personas más.
El párroco señaló que se estima que el costo total del proyecto, una vez finalizado, ascenderá a 3 millones de dólares. Hasta la fecha, han logrado recaudar aproximadamente la mitad de esa suma.
Muchos de los fieles, pertenecientes a la clase trabajadora, no disponen de dinero sobrante para depositar en la colecta; sin embargo, poseen gran destreza manual, afirmó el Padre DeLeon. Por ello, donan su tiempo y sus habilidades para embellecer la capilla.
«La belleza atrae», comentó. «En la belleza es donde sentimos el amor».