Photo by Julianna LeopoldAtlanta
Puertas Abiertas amplía la inclusión y el sentido de pertenencia para los estudiantes con discapacidad
Published noviembre 3, 2026 | Available In English
ATLANTA—«¡Miren, chicos!», dijo Harper Mitchell con entusiasmo, sin moverse ni un centímetro hasta que todas las miradas se centraron en ella.
Una vez que captó la atención de todos, Harper se lanzó sobre una colchoneta de seguridad en la sala sensorial de la escuela St. Mary’s, en Rome. La alumna de tercer grado rodó sobre el cojín, encantada de tener un público que la aplaudiera mientras se preparaba para repetir la asaña.
Harper, quien tiene síndrome de Down, considera que esta sala es un espacio donde puede jugar y ser ella misma. Además, en St. Mary’s, forma parte de una comunidad donde sus compañeros la saludan en los pasillos, los maestros fomentan su aprendizaje y su madre ya no siente la necesidad de explicar por qué su hija tiene un lugar en el aula.
«Todos la quieren; es algo encantador», comentó su madre, Lisa Mitchell.
Harper es una de los 22 estudiantes que reciben apoyo a través de Open Doors («Puertas Abiertas»), un programa de la Oficina de las Escuelas Católicas de la Arquidiócesis de Atlanta, diseñado para facilitar la educación de alumnos con discapacidades intelectuales y otras necesidades de aprendizaje diversas.
Mediante apoyo individualizado, adaptaciones en el aula y modificaciones en el plan de estudios, el programa busca que los estudiantes aprendan junto a sus compañeros, brindando a las familias la oportunidad de experimentar la acogida que ofrece la educación católica.
A medida que la arquidiócesis avanza con su campaña de recaudación de fondos «Arraigados en Cristo, creciendo en la fe», Lisa Cordell, directora de Puertas Abiertas, espera que los recursos que se obtengan permitan ampliar la capacidad de recibir y apoyar a más estudiantes como Harper.
Un lugar en la mesa
Antes de que Harper ingresara a St. Mary’s, su madre cuenta que le resultó difícil encontrar el ambiente educativo adecuado. Harper había asistido a una escuela pública, donde Mitchell sentía que debía luchar constantemente para que su hija recibiera el apoyo necesario.
«Siento que las puertas no siempre están abiertas para los niños que tienen un diagnóstico», señaló Mitchell. «Tienes que abogar para que puedan estar en un salón de clases y, como madre, eso resulta muy frustrante, porque te ves obligada a explicar por qué tu hija merece estar ahí».
Mitchell conoció Puertas Abiertas a través de Jessica Jackson, cuyo hijo, Truett —quien también tiene síndrome de Down—, asiste a la escuela St. Mary’s. Tras ver una publicación en Facebook sobre la asistencia de Truett a un campamento de verano en la escuela, Mitchell se puso en contacto para obtener más información.
Reunirse con el personal de la escuela le permitió vislumbrar una posibilidad distinta, ya que «fue agradable sentarse a una mesa donde Harper se sintió bienvenida».
«No sentí que tuviera que explicar por qué mi hija merecía estar aquí», comentó. «Fue un cambio radical, un giro de 180 grados respecto a lo que habíamos vivido antes».
Ahora, según cuenta Mitchell, Harper espera con ilusión ir a la escuela y está rodeada de compañeros y miembros del personal que la conocen bien.
«Una mañana, Harper tenía una cita médica; y cuando la llevaba de regreso a la escuela, me preguntó: “¿Ya casi llegamos?”», compartió Mitchell. «Le respondí: “¿Tienes ganas de volver a la escuela?”. Y ella dijo que sí. Verla tan entusiasmada por ir a la escuela me llena el corazón de alegría».

Truett Jackson, quien tiene síndrome de Down, se quita los zapatos y los calcetines en la sala sensorial de la escuela St. Mary’s, en Rome. Estas salas ofrecen a los estudiantes la oportunidad de relajarse, moverse y utilizar diversos elementos, como cajas de contención (cuddle boxes) y objetos para la estimulación sensorial (fidgets). Estos espacios pueden beneficiar a cualquier alumno o miembro del personal que necesite un descanso, a la vez que brindan un apoyo adicional a los niños con necesidades sensoriales. Fotografía de Julianna Leopold
La acogida va más allá del aula. Harper participa en actividades como el grupo de porristas y el fútbol, donde tiene amigos que juegan junto a ella. Durante todo el día, tanto el personal como sus compañeros la saludan, lo que genera un ambiente de familiaridad y pertenencia que ha marcado una diferencia significativa para su familia.
Dos meses después y progresando
Para Jessica Jackson, encontrar una escuela para Truett significaba buscar un lugar que pudiera atender sus necesidades educativas y, al mismo tiempo, ofreciera la formación cristiana que era importante para su familia.
Jackson —cuya familia cuenta con seis miembros que han asistido o se han graduado de St. Mary’s— relató que dedicó muchas horas a investigar escuelas, hablar con otros padres y reflexionar en sus oraciones sobre cuál sería el mejor entorno para el aprendizaje de Truett.
Le había resultado difícil encontrar una opción que le brindara el apoyo necesario y que, a la vez, le permitiera asistir a la escuela junto a sus hermanos.
Cuando el Padre Paul Porter, párroco de la iglesia de St. Mary (Santa María) en Rome, invitó a almorzar a Jackson y a otra madre de un niño con síndrome de Down, se produjo un punto de inflexión.
Durante la conversación, él les preguntó por sus experiencias y habló sobre el deseo de la Iglesia de hacer más por la educación de los niños con discapacidad.
«Nos compartió que la Iglesia católica, en su conjunto, tenía la convicción de que, al ser una organización plenamente provida, no podía seguir diciéndoles a los padres: “Lo sentimos, estos niños suponen un reto demasiado grande para nosotros a la hora de educarlos”; querían cambiar eso», recordó Jackson, añadiendo que escuchar aquello fue música para sus oídos.
«Es el sueño de cualquier padre con un hijo con necesidades especiales: no solo que alguien incluya a tu hijo, sino que además sientan que él tiene algo que ofrecerles a cambio», señaló Jackson.
Truett, que ahora cursa el nivel preescolar, está avanzando en su aprendizaje y comunicación. Ella ha observado cambios en su capacidad de atención, en su habilidad para reconocer objetos y en su disposición para expresar ideas.
«A Truett le va de maravilla», comentó. «Lleva solo dos meses en la escuela, pero he visto un progreso equivalente al de todo un año».
Jackson también destaca los beneficios de que el chico pase tiempo con sus compañeros de clase. En la escuela, los niños se acercan a Truett con entusiasmo para darle abrazos o chocar las palmas.
«Cada vez que voy a la escuela para recogerlo antes de tiempo, o cuando hay algún evento, me quedo maravillada, porque a los niños les hace una ilusión genuina verlo».
Jackson señaló que estas interacciones son muy significativas, ya que ayudan a que su hijo se sienta bienvenido y le demuestran que es una parte importante de su comunidad.
La colaboración personalizada entre la familia y la escuela también ha sido fundamental, añadió la madre. El personal escolar mantiene una comunicación constante sobre el progreso de Truett y trabaja junto a la familia para coordinar sus citas de terapia y otras necesidades.
El «grandullón» de Brookhaven
En la escuela Our Lady of the Assumption (OLA, por sus siglas en inglés), en Brookhaven, Brady Irr, alumno de primer grado, aporta su propia energía al aula.
Brady, quien tiene síndrome de Down, es conocido por su personalidad juguetona y su risa contagiosa. Durante una actividad reciente, guió a sus compañeros en un juego que los llevó a bailar, dar vueltas y seguir sus movimientos. Los demás niños se unieron con entusiasmo, convirtiendo la lección en un momento mutuo de diversión.
Brady es el mediano de tres hermanos varones.
«Brady es el corazón de nuestra familia», comenta Stefanie Irr, su madre. «Todos nos peleamos por ver quién recibe los mimos y abrazos de Brady cada día».

Heather Subleski, maestra de apoyo en OLA, trabaja con Brady Irr en vocabulario, ortografía y otros objetivos. El estudiante visita a diario su aula, en la cual las lecciones se combinan con descansos y oportunidades para moverse. Foto: Julianna Leopoldeather
Irr describe a su hijo como alguien curioso y cariñoso, a quien le encanta la música, bailar, explorar al aire libre, jugar a luchar con sus hermanos y ayudar con las tareas del hogar.
«Es el tipo de niño que siempre encuentra la manera de jugar con cualquiera, y además es muy sensible a las emociones de quienes lo rodean», dijo Irr. «Brady es el primero en ofrecer un abrazo o un beso para curar una pequeña herida cuando hace falta».
La familia conoció el programa de Puertas Abiertas a través de un amigo que había leído sobre él en un artículo de The Georgia Bulletin. Tras descubrir que Cordell, exdirector de OLA, lideraba la iniciativa a nivel arquidiocesano, comenzaron a explorar esta opción.
Actualmente, Brady cursa el primer grado acompañado por su asistente, Lauren Mandernack, quien le brinda orientación y apoyo. El chico sigue un plan de estudios adaptado que le permite aprender a su propio ritmo y nivel, manteniéndose siempre junto a sus compañeros.
«Brady siempre ha sido bien recibido por sus compañeros, y el programa de Puertas Abiertas garantiza que esto siga siendo así a lo largo de toda su vida escolar», afirma Irr.
Heather Subleski, maestra de apoyo en OLA, trabaja con Brady en vocabulario, ortografía y otros objetivos. El estudiante visita su aula a diario, donde las lecciones se combinan con descansos y oportunidades para moverse. «Me encanta trabajar con él; ha sido una experiencia maravillosa», comentó Subleski. «Es muy bromista, y estoy segura de que, cuando la gente mira hacia mi salón de clases y nos ve bailando, se pregunta qué está pasando, porque siempre nos divertimos muchísimo».
Ella lo llama cariñosamente «grandullón».
Contar con una comunidad que respalda el éxito de Brady ha sido una bendición, señaló Irr. La familia ha observado avances en su aprendizaje, sus habilidades sociales y su autonomía.
«Sabemos que está en un lugar donde realmente lo valoran», afirmó.
Para las familias con hijos que tienen alguna discapacidad, encontrar la escuela adecuada puede implicar considerar aspectos como la aceptación, la seguridad, las adaptaciones necesarias o la posibilidad de tener que abogar constantemente por sus hijos. Irr compartió que este es el primer año escolar en el que su familia no ha sentido la necesidad de preocuparse por estas cuestiones.
«Este año escolar ha sido una de las transiciones más tranquilas que hemos vivido hasta ahora», dijo Irr. «Desde el principio, hemos sentido que Brady recibe todo el apoyo y la motivación necesarios, que es aceptado y que está prosperando».
El programa de Puertas Abiertas no solo ha permitido que sus hijos asistan a la misma escuela, sino que también ha enseñado a la comunidad sobre la inclusión y la amistad.
«También es importante que los estudiantes conozcan, aprecien y entablen amistades con niños que son diferentes», añadió. «El programa de Puertas Abiertas hace que todo esto sea mucho más accesible para las familias de niños como Brady».

Harper Mitchell, estudiante del programa de Puertas Abiertas en la escuela St. Mary’s de Rome, juega en la caja de contención «cuddle box» de Tumbl Trak, una caja sensorial elástica que simula un abrazo de cuerpo completo. La sala sensorial está diseñada para brindar apoyo a todos los estudiantes y docentes. Fotografía de Julianna Leopold.
Ampliacion esfuerzos mediante una campaña de capital
En OLA y St. Mary’s, los salones sensoriales ofrecen a los estudiantes la oportunidad de relajarse, moverse y utilizar diversos materiales, como cajas de contención (cuddle boxes), colchonetas de impacto (crash pads), objetos para manipular (fidgets), juguetes, libros y artículos de arte. Estos espacios pueden beneficiar a cualquier estudiante o miembro del personal que necesite un descanso y brindar apoyo adicional a los niños con necesidades sensoriales.
En St. Mary’s, Kyser Pritchett, coordinador del programa de Puertas Abiertas, trabaja con Harper y Truett, ayudándoles a participar en la vida escolar y a desarrollar sus habilidades. En OLA, Brady recibe apoyo de Subleski y Mandernack. Estos apoyos individualizados ayudan a los estudiantes a trabajar en sus propias metas, manteniéndose, al mismo tiempo, integrados en la comunidad escolar en general.
La campaña de capital Arraigados en Cristo, creciendo en la fe tiene como objetivo recaudar 185 millones de dólares en un plazo de cinco años para fortalecer la arquidiócesis y apoyar a sus comunidades en crecimiento. Entre sus prioridades se encuentra hacer que la educación católica sea más accesible y ayudar a las escuelas a servir a un mayor número de familias.
La campaña incluye 40 millones de dólares destinados a facilitar el acceso y fomentar la inscripción en las escuelas católicas. Cordell espera que esta inversión ayude a ampliar los recursos necesarios para los estudiantes con discapacidades.
«Aunque nuestras escuelas se encuentran en etapas distintas respecto al programa de Puertas Abiertas, todas trabajan con el mismo objetivo: lograr la inclusión», señaló Cordell.
Una de las prioridades de Cordell es la inclusión de salones sensoriales; el objetivo es dotar a cada escuela de la arquidiócesis con un espacio de este tipo.
Otra meta es ampliar el desarrollo profesional de los educadores, de modo que los docentes puedan comprender mejor y responder a las necesidades de los estudiantes con diversos perfiles de aprendizaje. Como parte de esta iniciativa, la Oficina de las Escuelas Católicas organizó un seminario de dos días sobre el «Diseño Universal para el Aprendizaje» (UDL, por sus siglas en inglés), un marco educativo diseñado para eliminar las barreras de aprendizaje que enfrentan los estudiantes con discapacidades en sus escuelas. 219 educadores asitieron al taller.
Además de ampliar las oportunidades de desarrollo profesional para los docentes, se está incrementando el acceso a especialistas. Cordell espera ampliar el acceso a terapeutas del lenguaje y otros especialistas que puedan trabajar en varias escuelas. Esto permitiría a los centros educativos contar con apoyo profesional, incluso cuando no pueden contratar a un especialista a tiempo completo.
Cordell y Kim Shields, superintendente asociada de la Oficina de las Escuelas Católicas, visitan los centros educativos para observar el desarrollo del programa y determinar qué tipo de apoyo necesitan los educadores. Durante sus visitas, a Shields siempre le sorprende el gran ánimo y apoyo que los compañeros brindan a los alumnos.
«Harper tiene amigos que la ayudan con diversas tareas», comenta Shields. «Truett y Brady no tienen reparos en dirigirse a los alumnos mayores, y estos siempre están dispuestos a ayudar. Es maravilloso ver cuánto desean que tengan éxito; los niños realmente se ayudan unos a otros».
Para Brady, Harper y Truett, el impacto de la inclusión se refleja en el apoyo que han recibido de sus comunidades escolares. Para sus padres, el programa de Puertas Abiertas ha permitido que sus hijos no sean vistos como excepciones dentro del aula, sino como miembros integrados de la comunidad escolar.
De cara al futuro, la arquidiócesis espera que, mediante una mayor dotación de recursos, más escuelas puedan ofrecer esta oportunidad, permitiendo así que otros niños aprendan y encuentren un lugar al que pertenecer.
«Lo único que siempre he deseado para Harper es que se sienta incluida», afirma Mitchell. «Y ahora, es evidente que así es».
