Georgia Bulletin

Noticias de la Arquidiócesis Católica de Atlanta

  • 2026_05_20_GB_STSmonastaryholyspirit18
  • 2026_05_20_GB_STSmonastaryholyspirit11
  • 2026_05_20_GB_STSmonastaryholyspirit06
  • 2026_05_20_GB_STSmonastaryholyspirit19

Father Augustine Myslinski, abbot of the Monastery of the Holy Spirit, mounts an arrow found by one of the monks onto the wall of historic artifacts including hundreds of arrowheads in the conference room. The monks have a hobby of searching the grounds in Conyers for arrowheads, spears, rocks and other relics that were once used by the native people living on the land. They live a quiet life of prayer and offer others a place to find God’s peace. Photo by Julianna Leopold


Conyers

Cistercienses de la Estricta Observancia: Atraídos a la intimidad con Dios

By SARAH METTS, Especial para el Boletín | Published 10 julio, 2026  | Available In English

Nota de la editora: “Enviados a servir: Perfiles de la vida religiosa en Atlanta” es una serie habitual de The Georgia Bulletin que examina los carismas y la labor de los sacerdotes, hermanos y religiosos de órdenes que sirven en la arquidiócesis.

CONYERS—A finales de marzo de 1944, un grupo de 21 monjes partió de la Abadía de Getsemaní, en las colinas de Kentucky, para fundar un nuevo monasterio en una zona rural de Georgia. Su destino era una granja en Conyers, un lugar relativamente desconocido y con pocos católicos, pero que poseía toda la belleza natural y la soledad esenciales para un monasterio. 

Inicialmente, los monjes se alojaron en un granero de la propiedad mientras planeaban una residencia más permanente: la que llegaría a ser el Monasterio del Espíritu Santo. Antes de fallecer, el Padre Luke Kot —el último superviviente de aquel grupo original de 21 monjes— describió la perspectiva alegre con la que él y sus hermanos afrontaron aquellos primeros tiempos: “Si Nuestro Señor nació en un establo, ¿cómo íbamos a quejarnos nosotros por vivir en un granero?”. 

El Hermano Methodius Telnack, que se unió al grupo original en 1949, tenía 21 años cuando ingresó en el monasterio y lleva más de 75 años viviendo allí. A su llegada, los monjes vivían en una construcción de madera de pino levantada por ellos mismos, concebida como alojamiento provisional mientras se edificaba el monasterio actual. Por aquel entonces, solo se habían elaborado los cimientos del monasterio definitivo, un edificio diseñado cuidadosamente para permitir que todo aquel que entrara en él experimentara la presencia de Dios. El Hermano Methodius participó en el diseño del monasterio actual. 

“Uno de los caminjos hacia Dios es la belleza, y nos esforzamos mucho por tenerlo presente durante la construcción”», recuerda.

El diseño del monasterio es sencillo, de líneas limpias y con abundante luz natural, la cual inunda el espacio a través de las vidrieras. Cada día, la iglesia recibe entre veinte y treinta visitantes que buscan un lugar tranquilo para orar. La casa de retiros permite que quienes desean una estancia más prolongada puedan participar en retiros en silencio durante el fin de semana. Los participantes se integran en la vida y los horarios de los monjes; algunos incluso asisten al oficio de vigilias a las cuatro de la mañana.

Los monjes del Monasterio del Espíritu Santo pertenecen a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, una orden monástica centrada en la contemplación y la imitación de Cristo. Llevan una vida oculta, consagrada a la adoración de Dios bajo la Regla de San Benito. Se reúnen siete veces al día para rezar el Oficio Divino en comunidad. A lo largo de la jornada, alternan la oración con el trabajo, viviendo la máxima de San Benito: Ora et labora (reza y trabaja).

A las 7 de la mañana, los monjes rezan las Laudes —la oración matutina— y asisten a la misa diaria. Después, comienzan sus labores matutinas. Las Constituciones cistercienses exigen que cada monasterio sea autosuficiente, por lo que cada monje desempeña una tarea específica que contribuye al funcionamiento de la comunidad. Uno de los monjes es el panadero principal y cuenta con varios ayudantes para elaborar las deliciosas galletas, el pastel de frutas y los biscochelos que han dado fama al monasterio.

Varios monjes elaboran vidrieras en el taller situado en los terrenos del monasterio, mientras otros distribuyen alimentos a personas necesitadas en el banco de alimentos. Un maestro de novicios guía a los miembros más recientes de la comunidad, y uno de los monjes recibe a los participantes y coordina los populares retiros en silencio de fin de semana. Otro organiza la liturgia y uno más se encarga de las compras y las relaciones públicas. Todos ayudan a los hermanos que están en la enfermería.

El Hermano Callistus Crichlow aparece frente al Monasterio del Espíritu Santo en Conyers, bajo la sombra de la iglesia. A diario, el templo recibe a entre 20 y 30 visitantes que buscan un lugar tranquilo para orar. La propiedad también alberga una casa de retiros que permite a los visitantes participar en retiros en silencio durante los fines de semana. Foto de Julianna Leopoldo

Luego de completar sus labores matutinas, los monjes llevan a cabo su comida principal juntos y en silencio, mientras se lee en voz alta un texto seleccionado. Después de un periodo de descanso, retoman sus tareas hasta las vísperas, a las 5:20 p. m.; a continuación, realizan la última comida del día y, posteriormente, asisten a las Completas a las 7:30 p. m. Tras las Completas, observan el Gran Silencio hasta el rezo de las vigilias, a las cuatro de la mañana del día siguiente. 

El Hermano Mark Dohle, prior del monasterio, explica la libertad que surge al seguir un horario tan riguroso.

“Llevamos una vida de gran disciplina, lo cual puede resultar muy liberador. Mantenerla día tras día exige mucha disciplina”, afirmó. “Solo es posible lograrlo si se dispone de tiempo para reflexionar, meditar y orar”.

Una tradición de hospitalidad

Según las Constituciones Cistercienses, “todo monasterio debe mantener la tradición de acoger a los huéspedes y a los necesitados como a Cristo”. En consonancia con esta tradición de hospitalidad, las puertas del Monasterio del Espíritu Santo permanecen abiertas al público entre las 4 a. m. y las 8 p. m., y todos son bienvenidos a encontrar en la iglesia un espacio de silencio para orar y reflexionar.  

Como explica el padre Augustine Myslinski, OCSO, abad del monasterio: “La gente va llegando poco a poco a lo largo del día; no en grandes multitudes, pero recibimos entre 20 y 30 personas diariamente. Les encanta sentarse aquí a orar. La mayoría de las personas llevan grandes cargas en su mente y en su corazón, y aquí encuentran un lugar donde conectar con Dios y hallar paz”.

Los monjes mantienen un fuerte vínculo con la comunidad en la que viven y con la propia tierra, algo que se refleja en su voto de estabilidad. Al emitir sus votos solemnes, cada monje promete permanecer en un monasterio específico durante el resto de su vida. Al establecer un compromiso vital con un monasterio en una ubicación geográfica concreta, el voto de estabilidad permite a los monjes convertirse en un pilar de apoyo para la comunidad en la que viven, oran y trabajan. 

El vínculo de los cistercienses con la tierra se refleja también en sus tradiciones funerarias. Cuando un monje fallece, es sepultado envuelto en un sencillo sudario, sin ataúd. 

“Probablemente sea el momento más significativo de nuestra vida comunitaria: cuando sepultamos a uno de nuestros hermanos y lo despedimos hacia la eternidad. La belleza del entierro aquí radica en su sencillez… sin grandes artificios. Lo entregamos directamente a la tierra, pero, por supuesto, siempre con la convicción de que resucitará y se reunirá con todos los demás hermanos que nos precedieron aquí en el monasterio”, explica el Padre Augustine.

Los restos de los monjes fundadores del Monasterio del Espíritu Santo, así como los de todos aquellos que vivieron y fallecieron allí a lo largo de los últimos 82 años, descansan en el cementerio del monasterio. Este cementerio, situado dentro del recinto del claustro, refleja la sencillez de la vida de los monjes. El césped está bien cuidado y cada tumba está señalizada con una sencilla cruz blanca que lleva el nombre del monje, así como sus fechas de nacimiento y muerte.  

Cada cruz constituye un testimonio visual de una vida oculta —marcada por la soledad, la oración, el trabajo y la caridad— que condujo a la intimidad con Dios en esta vida y a la unión con él en la próxima. 

Sobre el monasterioMonastery 

Para planificar una visita al monasterio o informarse sobre los retiros que allí se ofrecen, visite https://trappist.net/. 

El monasterio se encuentra en el 2625 de Highway 212 SW, en Conyers.

Secret Link