Mensaje para los estudiantes de último año
By EL OBISPO BERNARD E. SHLESINGER III | Published 27 mayo, 2026 | Available In English
Recientemente, tuve el honor de entregar los diplomas en la ceremonia de graduación de la Escuela Secundaria St. Pius X y, además, fui invitado a compartir unas palabras con los graduados. Me pregunté qué podría decirles, como obispo, que permaneciera en su memoria.

Bishop Bernard E. Shlesinger III
Los otros oradores que participaron ese día, cuyas intervenciones fueron excelentes, les recordaron el regalo que habían recibido y las sólidas bases religiosas y académicas que se les habían brindado para tener éxito en el futuro. También, les sugirieron agradecer a sus padres por haber invertido en su educación y en sus lecciones de vida, y a los maestros que los habían acompañado. Todos los oradores destacaron la importancia del camino que los estudiantes habían recorrido juntos y las amistades que habían forjado.
Mientras preparaba mi mensaje para este evento, y tras reflexionar sobre mi propio camino después de la secundaria, me hice la siguiente pregunta: «¿Qué diría Jesús si estuviera presente en la graduación?».
En las Escrituras, no hay constancia alguna de que Jesús se haya graduado jamás de algún programa de estudios formal. Por supuesto que estaba muy familiarizado con las Escrituras, ya que asistía a la sinagoga, y que, además, había aprendido un oficio de San José y era conocido como el hijo del carpintero. Las Escrituras afirman que obedecía a María y a José, y que creció en sabiduría y estatura ante Dios y ante los hombres. Más tarde, muchos se referirían a él como «Rabí» —maestro—, debido a que hablaba con una autoridad distinta a la de cualquier otro.
Le hice la misma pregunta a la inteligencia artificial y mi búsqueda me llevó a comprender que Jesús quizás diría algo como: «No se inquieten por el mañana», o «En el mundo tendrán problemas, pero no teman, yo soy más grande que el mundo»; o tal vez diría: «El más grande entre ustedes será su servidor». Gran parte de nuestra vida consiste en recordar estas verdades fundamentales. Sin embargo, las últimas palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo fueron las que resonaron con mayor fuerza en mi interior y espero que lo hayan hecho también para ellos: «He aquí que yo estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos».
Jesús nunca caminó solo mientras estuvo en la tierra. Él no hizo nada sin compañía; solamente hizo lo que vio hacer a su Padre. Su alimento consistió en cumplir la voluntad de su Padre. Él y el Padre fueron uno. Su vida y su misión estuvieron arraigados en esto. Se entregó por completo al servicio de los demás, acompañando especialmente a aquellos que sueñan con un futuro lleno de esperanza, pero que habrán de enfrentarse al fracaso y al sufrimiento mientras descubren que son bienaventurados en su pobreza.
El futuro para todos nosotros comienza siempre con la presencia de Cristo Resucitado y con nuestra relación personal con él. O bien vivimos una vida oculta en Cristo, o bien vivimos una vida que gira en torno a él. Nunca nos graduamos de este desafío, pues en la Eucaristía se nos recuerda que debemos vivir por él, con él y en él; no sea que terminemos viviendo apartados de él, separados de la vid que da vida a las ramas y produce fruto.
No sé si esos jóvenes recordarán mis palabras en su ceremonia de graduación; sin embargo, rezo para que nunca olviden que junto a Jesús llegarán mucho más lejos en la vida de lo que jamás podrían imaginar.