Todavía no me he jubilado de la viña
By OBISPO JOEL M. KONZEN, SM | Published 14 octubre, 2026 | Available In English
A medida que se cumple un año de haber presentado mi renuncia a la Santa Sede el pasado mes de noviembre —una exigencia para los obispos al cumplir los 75 años—, quizá sea oportuno aclarar que todavía no me he jubilado. A diferencia de la mayoría de las organizaciones, en la Iglesia Católica, la presentación de la renuncia es simplemente un requisito. Corresponde al Santo Padre determinar el momento en el que se hará efectiva.

Bishop Joel M. Konzen, SM
Sin embargo, quisiera aclarar que incluso el término “jubilación” no es del todo preciso. Cuando un obispo se retira, no deja de ejercer sus labores; simplemente disminuyen sus responsabilidades. Gran parte de sus tareas administrativas desaparecen, y es probable que se le siga viendo en parroquias y escuelas celebrando misas y administrando el sacramento de la confirmación. Algunas diócesis no cuentan con un obispo auxiliar, pero pueden tener uno o dos obispos jubilados. La Arquidiócesis de Nueva Orleans, por ejemplo, tuvo un período en el que contó con un arzobispo y tres arzobispos jubilados: ¡casi una casa llena de arzobispos!
Después de que salió el artículo en The Georgia Bulletin el pasado mes de abril, en el que se informaba de la presentación de mi carta de renuncia, tal como correspondía, algunos me han preguntado qué se siente estar jubilado. Entonces les explico que eso aún no ha sucedido, pero que algún día ocurrirá. Supongo que, en algún momento recibiré una carta comunicándome que estoy oficialmente retirado, aunque no conozco con exactitud cómo se lleva a cabo el proceso. Sin embargo, no es algo que espere con ansias. Me alegra seguir plenamente ocupado. De hecho, entre ahora y finales de junio de 2027, tengo programadas 34 misas de confirmación.
Un obispo ya jubilado suele seguir asistiendo a las reuniones y eventos nacionales y regionales de obispos. Es muy probable que los obispos eméritos participen en la visita ad limina al Santo Padre y a los dicasterios (oficinas) de la Santa Sede. Un evento que tiene lugar aproximadamente cada siete años. La Arquidiócesis de Atlanta forma parte de la Región 14 de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, y tenemos programado nuestro viaje a Roma para septiembre de 2027. A menos que sufra alguna incapacidad o haya pasado a la etapa final de la vida, espero con ilusión participar en la visita de los obispos de nuestra región a Roma y reunirme con mis hermanos, independientemente de si estoy en ministerio activo o jubilado.
Visitar Roma junto a los demás obispos también me brinda la oportunidad de asistir a la casa madre de mi orden religiosa, los maristas. Nos referimos a este lugar como la “casa general”. Aunque al ser nombrado obispo uno deja de ser miembro oficial de su orden —puesto que ya no depende de su superior provincial—, obispos como el Arzobispo Hartmayer, el Obispo Wack (de Pensacola-Tallahassee) y yo mantenemos nuestros vínculos con nuestra familia religiosa. Fue en estas congregaciones donde recibimos nuestra formación y educación.
A lo largo de varias décadas, sus miembros se han convertido en nuestra familia. Tanto el Arzobispo Hartmayer como yo estamos agradecidos de contar con comunidades locales de nuestras respectivas órdenes que podemos visitar con regularidad, lo que nos permite mantener la fraternidad con los demás religiosos, aun cuando técnicamente ya no formemos parte de estas congregaciones.
Cuando se concede la jubilación a un obispo auxiliar, este no es reemplazado automáticamente. El obispo diocesano debe solicitar otro auxiliar, un proceso que puede llevar bastante tiempo. Como ocurre con otras cuestiones en la Iglesia Católica, es imposible predecir cuánto durará dicho trámite. Por ello, preveo que estaré ocupado, de una forma u otra, en un futuro cercano. Doy gracias a Dios por mi salud y mi vocación, y espero poder seguir sirviendo a la buena gente de la Arquidiócesis de Atlanta durante todo el tiempo que el Señor desee tenerme en su viña.