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Noticias de la Arquidiócesis Católica de Atlanta

Bienaventurados los mansos  

By OSBISPO BERNARD E. SHLESINGER III | Published 1 abril, 2026  | Available In English

A menudo la gente me pregunta: «¿Cómo llega uno a ser obispo?».  

Bishop Bernard E. Shlesinger III

Bishop Bernard E. Shlesinger III

Existe un proceso confidencial de nominación y evaluación que precede al nombramiento como obispo. En mi caso, yo desconocía por completo que siquiera se me estuviera considerando como candidato.

Cuando el Nuncio Apostólico me llamó para informarme que el Santo Padre me había nombrado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Atlanta, se esperaba que accediera inmediatamente. No tuve tiempo para reflexionar sobre las consecuencias de mi respuesta. Mas adelante comprendí que no sabía lo que realmente implicaba llegar a ser un obispo.  

Pedí consejo a un obispo de mayor antigüedad sobre cómo desempeñar mi futuro ministerio. Su respuesta fue sencilla y directa: «¡Sé tú mismo!». Debía aprender a revestirme de la mente de Cristo y orar para recibir el don de su corazón.  

En una reflexión sobre la bienaventuranza «Bienaventurados los mansos», el Papa Benedicto meditó sobre la manera en que Jesús entró en Jerusalén el Domingo de Ramos, antes de que comenzara su Pasión: «Aquí vemos a un rey que no gobernará mediante el poder político y militar. Su ser más íntimo es humildad y mansedumbre ante Dios y ante los hombres. En esto, es exactamente lo opuesto a los grandes reyes del mundo. Y una vívida ilustración de ello es el hecho de que entra sobre un asno —el animal de los pobres, la imagen contraria a los carros de guerra que él rechaza—. Él es el rey de paz, y lo es por el poder de Dios, no por el suyo propio. Jesús rechaza la violencia y acepta el sufrimiento que traerá la paz a todas las tierras».  

Todos estamos llamados a seguir a Jesús hacia Jerusalén el Domingo de Ramos, pero también a permanecer con él en el camino hacia el Calvario. Un despliegue ostentoso, como el de una tropa militar, podrá infundir temor y admiración en muchos, pero no logrará transformar a las naciones. Tal vez nos deslumbre la realeza y el estilo de vida de los ricos y famosos, pero ahí no reside la verdadera grandeza.

Al uno afrontar el desafío que surge entre una actitud de creerse con derecho a todo y pedir una exención para no asumir una posición de responsabilidad, debemos volver la mirada hacia la mansedumbre de Cristo. El Mesías no gobierna mediante la intimidación, sino mediante el amor. No gobierna amenazando a los demás ni mondando, sino a través del servicio sacrificial. 

Aprendamos del Maestro, quien nos invita a venir y aprender de él, que es manso y humilde de corazón.   

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