El lugar especial de los niños en la sociedad
By OBISPO JOEL M. KONZEN, SM | Published enero 21, 2026 | Available In English
Ver fotos del Papa León XIV bautizando a 20 niños en la Capilla Sixtina durante la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor me hizo reflexionar sobre el lugar que ocupan los niños en nuestros hogares e Iglesia. En este mes dedicado a la protección y celebración de la vida humana, muchas otras imágenes me recuerdan que, en ciertos lugares, la situación de los niños es precaria. Me refiero especialmente a aquellos sitios donde los niños sufren a causa de la guerra o el hambre, lo cual, frecuentemente, nos deja con la sensación de que hay muy poco que podamos hacer.

Bishop Joel M. Konzen, SM
A continuación, incluyo algunas sugerencias de cosas que podemos y debemos hacer como católicos. Primero, debemos orar para que el milenario respeto por la fragilidad de la vida de los niños no se pierda ni se degrade aún más. Recordemos las palabras de Jesús: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque de ellos es el reino de los cielos». No reconocer el lugar especial que ocupan los niños en nuestra sociedad y no garantizar su desarrollo seguro es una muestra clara de falta de respeto por el tesoro de la creación de Dios. Existe un mandamiento que nos dice que honremos a nuestros padres. El Evangelio entero nos dice también que debemos honrar a los hijos de esos padres, tal como lo dijo Jesús: «El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, me recibe a mí».
La segunda acción relacionada con los niños tiene que ver con la protección. En la Iglesia, hemos tomado medidas muy necesarias para garantizar la protección de los niños contra todas las formas de abuso. También nos hemos preocupado por prevenir la trata de jóvenes y hemos invertido recursos para ayudar a las “madres que lo necesitan”, quienes están trayendo a niños al mundo, a menudo sin apoyo familiar ni económico. La Clínica de Ayuda para el Embarazo y Caridades Católicas de Atlanta apoyan a las familias con recién nacidos y se esfuerzan por asegurar que los niños crezcan en un entorno estable durante sus primeros años. Apoyar a estas organizaciones es una acción directa a favor de la infancia.
Una tercera acción consiste en sembrar la esperanza entre los católicos comprometidos y casados, de que tendrán los medios necesarios para traer hijos al mundo y podrán darles lo indispensable para su desarrollo integral. Según estudios recientes, poco más de la mitad de los adultos solteros afirman que les gustaría ser padres algún día. Este porcentaje puede parecer desalentadoramente bajo, pero refleja la incertidumbre general que existe cuando no se vislumbra claramente una pareja para el matrimonio. El mayor obstáculo, según estos jóvenes, es encontrar a la persona adecuada para casarse. Apoyar programas dirigidos a los jóvenes en nuestras iglesias ayuda a crear espacios de encuentro que faciliten eventualmente el matrimonio y la crianza de los hijos entre los católicos. Sé de parejas que se han conocido a través de programas para jóvenes en la Catedral de Cristo Rey y en otras iglesias.
Adicionalmente, podemos y debemos apoyar a las organizaciones que buscan promover la paz y desalentar los conflictos. Sobre el tema de la paz, el Papa León dijo el mes pasado: “Necesitamos alentar y apoyar toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza”. Ayudar a aquellas órdenes y asociaciones religiosas que se dedican a servir a los niños que han sido heridos o que sufren es una obra de misericordia que manifiesta enormemente nuestro deseo de reparar y proteger las vidas esenciales de los niños.
Por supuesto, defender el derecho de los no nacidos y subrayar el valor intrínseco de toda vida humana es donde siempre comenzará la defensa de los niños. El Salmo 127 nos dice: “El fruto del vientre es una recompensa”. Que no desfallezcamos en nuestro deseo de ayudar a los jóvenes vulnerables.