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Photo by Vu Tran
Archbishop Gregory J. Hartmayer, OFM Conv., center, celebrated Mass and admitted three seminarians to candidacy for holy orders July 28 at Christ the Redeemer Church. A seminarian becomes a candidate before their theology studies, typically after completing college seminary or pre-theology. Father Rey Pineda, director of vocations, left, said a record 20 men were accepted to the seminary for the Archdiocese of Atlanta this year, the largest incoming class in history.

Atlanta

Los hijos de Atlanta: Una generación récord de seminaristas refleja el crecimiento de la cultura vocacional en la arquidiócesis

By NATALIA DURON | Published 6 agosto, 2026  | Available In English

ATLANTA—Veintiséis hombres solicitaron ingresar al seminario de la Arquidiócesis de Atlanta este año, la clase más numerosa en la historia de la arquidiócesis. 

De esos solicitantes, 20 fueron aceptados, un logro que, según los responsables de las vocaciones, refleja años de trabajo intencional para cultivar una cultura de discernimiento más sólida, fortalecer la formación sacerdotal y animar a más jóvenes a considerar el llamado al sacerdocio. 

“Es el fruto de las oraciones de la gente, el fruto de mucho trabajo de mi equipo y del apoyo de los sacerdotes y de los obispos”, dijo el padre Rey Pineda, director de Vocaciones de la Arquidiócesis de Atlanta, al hablar sobre esta generación récord. “Creo que estamos empezando a ver el fruto que nace de entender que (el llamado) no es solo un evento, un movimiento o algo que sucede una sola vez”. 

El número récord representa mucho más que una estadística, dijo el padre Gerardo Ceballos, secretario del arzobispo, director de la Oficina de Liturgia y director asociado de Vocaciones.  

“Los números son excelentes, pero creo que la esperanza es aún más grande que los números”, dijo. 

El padre Pineda explicó que todos los seminaristas aceptados, excepto uno, crecieron en Atlanta. Asistieron a escuelas locales, participaron en parroquias de la arquidiócesis y fueron formados en las mismas comunidades a las que ahora esperan servir. Para él, esto es una señalalentadora para la Iglesia. 

“Hubo un tiempo en que era absolutamente necesario… traer sacerdotes de otros lugares porque había una necesidad”, dijo. 

Ahora, “los hijos de Atlanta están dando un paso al frente”. 

Según ambos sacerdotes, este crecimiento no es el resultado de una sola iniciativa, sino de años de desarrollo en toda la arquidiócesis y de la combinación de varios cambios. 

Uno de esos cambios ha sido un nuevo enfoque en la formación del seminario. 

Aunque la formación sacerdotal siempre ha incluido dimensiones humanas, espirituales, intelectuales y pastorales, los cambios recientes en la formación de los seminaristas ponen un mayor énfasis en formar integralmente a la persona.  

En lugar de medir el progreso principalmente por logros académicos, los seminaristas ahora avanzan por etapas de formación que ponen énfasis en el crecimiento personal, la madurez espiritual y la preparación para el ministerio, además de los estudios teológicos.  

“Cambiar el lenguaje de la formación está cambiando la cultura de cómo formamos a los hombres”, dijo. “Aunque lo académico es importante, estos hombres se dan cuenta de que están siendo formados de manera integral. Descubren sus propios dones y florecen a partir de ellos”.  

El padre Pineda explicó que, en generaciones anteriores, se esperaba que gran parte de la formación humana de un hombre proviniera de su hogar. El enfoque actual reconoce la necesidad de cultivar intencionalmente esas cualidades durante toda la formación en el seminario.  

“Esto crea el ambiente para un mayor crecimiento y sanación, y para que el hombre llegue a ser verdaderamente quien Dios lo llama a ser, para que pueda servir”, dijo.  

Otro cambio importante ha sido el énfasis en la vida en comunidad.  

En lugar de discernir su vocación principalmente por su cuenta, los seminaristas ahora recorren este camino juntos, construyendo amistades y aprendiendo unos de otros. 

El padre Ceballos dijo que este enfoque ha contribuido a fortalecer las relaciones entre ellos, algo que espera se traduzca en sacerdotes más sanos en el futuro.  

“Cuando reúnes a estos muchachos, no solo sienten que no están solos, sino que sienten aún más al Espíritu Santo actuando por medio de ellos”, dijo.  

Los seminaristas también han llevado ese espíritu de comunidad a las parroquias donde sirven durante el verano. Los feligreses han llegado a conocerlos, haciendo que las conversaciones sobre el sacerdocio sean una parte normal de la vida parroquial.  

Esta “cultura vocacional” ha ayudado a normalizar la vida religiosa y ha contribuido a su crecimiento, dijo el padre Ceballos.  

“No debería sorprender a las personas en sus parroquias que haya hombres y mujeres llamados a la vida religiosa y al sacerdocio”, dijo el padre Ceballos. “Debería ser algo normal, y eso es precisamente lo que debe crear una cultura vocacional”.

El padre Pineda considera que los seminaristas de hoy están comenzando su formación con más apoyo y recursos que nunca, lo que les permite convertirse en sacerdotes sanos, integrales y capaces de fortalecer las comunidades parroquiales.  

De cara al futuro, ambos sacerdotes esperan que los católicos vean esta generación récord no solo como un logro histórico, sino como una señal de la obra continua del Espíritu Santo en la Iglesia local.  

“Estoy viendo en estos muchachos una cualidad diferente que es realmente hermosa”, dijo el padre Pineda. “Y no puedo esperar a que el resto de la Iglesia también la vea”. 

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