Georgia Bulletin

Noticias de la Arquidiócesis Católica de Atlanta

The Paz y bien Columna
Archbishop HartmayerEl Arzobispo Gregory J. Hartmayer, OFM Conv., es el séptimo arzobispo de Atlanta. En su columna “Paz y bien”, comparte homilías y reflexiones pastorales.

Viviendo la Cuaresma en el Año de San Francisco de Asís

By ARZOBISPO GREGORY J. HARTMAYER, OFM Conv.   | Published febrero 24, 2026  | Available In English

La Cuaresma llega a nosotros cada año como un regalo: 40 días en los que la Iglesia nos invita a volver al Señor con todo nuestro corazón. En esta temporada la oración, el ayuno y la limosna no son el destinoen sí mismos; son las formas concretas con las que Cristo nos atrae más profundamente a su misterio pascual. Esta época se trata siempre de conversión, pero este año en específico le brinda una gracia particular a nuestra arquidiócesis y a toda la Iglesia. 

Año Jubilar Franciscano

El Papa León XIV ha designado un Año Santo en este Año Jubilar en el cual conmemoramos el 800 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís, en honor al santo. Con esta ocasión, el pontífice invita a los fieles a redescubrir el Evangelio a través del testimonio del Poverello, el “pobrecito”. Así que, no es casualidad que este Año Santo tome fuerza durante la Cuaresma, el tiempo que revela con mayor claridad la esencia de la vida de Francisco, su conformidad con Cristo crucificado. 

El propio San Francisco escribió: «Consideremos todos los hermanos al buen pastor, que por salvar a sus ovejas sufrió la pasión de la cruz». 

El santo no escribió estas palabras como teólogo que escribía sobre doctrina, sino como un hombre que había dejado entrar el sufrimiento de Cristo en su propio cuerpo, literalmente. 

Cerca del final de su peregrinaje terrenal, San Francisco se retiró al Monte La Verna para orar y ayunar. Allí, contemplando el amor sufriente de Cristo, recibió los estigmas, las heridas del crucificado impresas en su propio cuerpo. Francisco no buscaba el sufrimiento por sufrir; más bien, deseaba intimidad con Cristo. Tal como lo compartió en sus oraciones en una ocasión: «Señor mío Jesucristo dos gracias te ruego me concedas antes de morirme; la primera, que sienta yo en cuerpo y alma, en cuanto sea posible, el dolor que tú, dulcísimo Jesús, sufriste en tu dolorosísima pasión; la segunda, que sienta yo en mi corazón, en cuanto sea posible, aquel amor sin medida que te abrasaba y te llevó, Hijo de Dios, a sufrir gustoso por nosotros pecadores esta misma dolorosísima pasión».
La Cuaresma nos invita a esa misma oración: no dramática, sino real; no abstracta, sino ejemplificada.  

El Vía Crucis

El vía crucis es muy querido en la tradición franciscana. Caminar con Cristo desde su condena hasta el calvario es aprender la lógica del amor entregado. El Papa León nos recuerda: «La cruz no es simplemente un desvío en el camino del discipulado; es el camino mismo. Quienes la recorren con Cristo descubren que incluso el sufrimiento, unido al amor, se convierte en un lugar de resurrección». La Cuaresma nos prepara para recorrer ese camino con humildad y esperanza. En esta temporada, los invito a rezar el vía crucis con una nueva conciencia del ejemplo que nos dejó San Francisco, quien recorrió el camino de la cruz no como un espectador, sino como un seguidor, y finalmente, como alguien que compartió las heridas de Cristo.

Francisco escribió: «Miremos, todos los hermanos, al buen pastor que sostuvo la pasión de la cruz para salvar a sus ovejas. Porque fue su voluntad salvarnos, y por eso se humilló y se hizo sujeto a todos».
Preguntémonos en cada estación: ¿Estoy dispuesto a seguirlo? No solo a observar, sino a seguirlo: en la humildad, en el servicio, en la renuncia a todo aquello a lo que nos aferramos. 

Una plegaria por la paz

El Santo Padre, en su carta de apertura del Año Jubilar Franciscano, nos recordó que vivimos en una época marcada por lo que él llamó “guerras aparentemente interminables” y profundas fracturas sociales.Recordó a Francisco y su tradicional saludo: «Que el Señor te conceda su paz», como el corazón del testimonio evangélico que este mundo roto necesita desesperadamente. El Papa nos ha pedido que, por intercesión de Francisco, nos convirtamos en «testigos desarmados y desarmantes de la paz que proviene de Cristo».  

Esa paz no es la paz que da el mundo, ni la ausencia de conflicto que se logra mediante el poder o el compromiso. Es la paz que sobrepasa todo entendimiento, la paz conquistada en la cruz y derramada a través de las llagas de Cristo. Francisco comprendió esto con una claridad que pocos han igualado, escribiendo en sus admoniciones: «Que todos los hermanos se amen unos a otros como el Señor nos enseñó. Que cada uno ame a su hermano tanto por el alma como por el cuerpo». 

Indulgencia plenaria

 Como parte de este Año Santo, el Papa León XIV también ha concedido la oportunidad de recibir una indulgencia plenaria bajo las condiciones habituales. Una indulgencia plenaria es una remisión total del pecado temporal: una limpieza completa, sin dejar nada por purificar. También puede ofrecerse por un alma en el purgatorio, un profundo acto de misericordia hacia nuestros hermanos difuntos. Una indulgencia es una expresión hermosa del cuidado maternal de la Iglesia. Mientras que el sacramento de la reconciliación perdona el pecado, la indulgencia remite las secuelas temporales restantes, sanando las heridas que deja el pecado. No es un “atajo al cielo”, sino una aplicación de la misericordia de Cristo proveniente del tesoro espiritual de la Iglesia.  

In the Archdiocese of Atlanta, St. Philip Benizi Church, Jonesboro, is one of several churches designated as pilgrimage sites for the Year of St. Francis of Assisi. Photo by Nichole Golden

Un decreto de la Penitenciaría Apostólica establece la obtención de esta indulgencia plenaria durante el Año de San Francisco. Desde la Fiesta de la Presentación del Señor, el 2 de febrero, hasta la Solemnidad del Bautismo del Señor, el 10 de enero de 2027, los fieles podrán recibirla atravesando la Puerta de Peregrinos de cada iglesia y cumpliendo los requisitos. En la Arquidiócesis de Atlanta, he designado las siguientes iglesias como lugares de peregrinación: Holy Cross, Atlanta; St. Philip Benizi, Jonesboro; St. Francis of Assisi, Cartersville; St. Francis of Assisi, Blairsville; St. Anthony of Padua, Atlanta;y el Centro Católico de la Universidad de Georgia en Athens. 

La Iglesia exige ciertas condiciones para recibir una indulgencia plenaria. Cada una de ellas es, en sí misma, una invitación a una conversión más profunda:  

Primero, la confesión sacramental. Debemos haber confesado nuestros pecados con genuina contrición y la firme resolución de enmendarlos. Sin el perdón de la culpa, no hay castigo temporal que remitir. 

Segundo, la recepción de la Sagrada Comunión. Estamos llamados a unirnos a Cristo en la Eucaristía, para que su cuerpo y sangre nutran y sanen las heridas que el pecado ha dejado en nuestras almas.  

Tercero, la oración por las intenciones del Santo Padre. Se sugiere rezar un Padrenuestro y un Avemaría por las intenciones del papa, un pequeño acto de comunión con la Iglesia universal y su pastor.  

Cuarto, un sincero desapego interior de todo pecado, incluso del venial. Esta es la condición más exigente y la más reveladora. No requiere perfección. Requiere honestidad, un alejamiento genuino del corazón del deseo de pecar. Si aún no se ha logrado este desapego total, se recibe una indulgencia parcial.  

Quinto, la obra prescrita. Una peregrinación a cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto dedicado a San Francisco en cualquier parte del mundo.  

Estas condiciones no tienen por qué darse todas el mismo día. La confesión, la comunión y la oración pueden cumplirse aproximadamente 20 días antes o después de la peregrinación.  

Aquellas personas mayores, enfermas o que no pueden viajar por razones graves, pueden obtener la indulgencia uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares. Estas condiciones nos recuerdan que las indulgencias no son actos mecánicos, sino momentos de gracia arraigados en la conversión, la comunión y la oración.  

Una invitación cuaresmal 

San Francisco nunca hubiera querido que la atención se centrara en sí mismo. Toda su vida apuntaba más allá de él, a Cristo, tal como exhortó a sus hermanos: «Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo». 

La Cuaresma, la cruz, los estigmas, el vía crucis, cada uno nos enseña la misma verdad: la salvación viene a través del amor derramado.  

El Papa León escribió: «En San Francisco, la Iglesia ve lo que sucede cuando el Evangelio se toma en serio, sin condiciones ni concesiones».  

Que esta Cuaresma y este Año Santo Franciscano nos ayuden a lograr precisamente eso. Que regresemos al Señor con sencillez de corazón, abracemos la cruz con confianza y permitamos que Cristo moldee nuestras vidas cada vez más a la suya.  

Que a medida que nos aproximemos a la Pascua, descubramos de nuevo que el camino del arrepentimiento es también el camino del gozo, y que, podamos decir con confianza con San Francisco: «De ahora en adelante, diré poco, porque he aprendido suficiente: Dios me basta».  

Secret Link