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Noticias de la Arquidiócesis Católica de Atlanta

¿Cómo van sus propósitos de Año Nuevo?

By OBISPO JOHN N. TRAN   | Published enero 7, 2026  | Available In English

Para muchos de nosotros, el nuevo año comienza con esperanza: un deseo de un nuevo comienzo, una oportunidad para empezar nuevamente, para vivir con mayor intencionalidad. Con buenas intenciones, establecemos propósitos de Año Nuevo.  

Obispo John N. Tran

Sin embargo, la experiencia nos dice que, para la mayoría de las personas, estas intenciones se desvanecen en cuestión de semanas, o de días. A menudo, esto sucede porque están más arraigadas en la emoción que en el compromiso, o porque son demasiado vagos o ambiciosos. Cuando el entusiasmo inicial se desvanece, los viejos hábitos regresan silenciosamente. Las metas comienzan a parecer abrumadoras, el desánimo se instala y, por último, nos rendimos. A veces, también subestimamos la debilidad del corazón humano. Confiamos demasiado en nuestras propias fuerzas y olvidamos que el cambio genuino requiere tiempo, paciencia y perseverancia. Después de todo, el crecimiento es un proceso.  

En su homilía al comienzo del año, el Papa León nos invita a ver el Año Nuevo como «un camino abierto, por descubrir» y a considerar cada día como una oportunidad renovada para empezar de nuevo, para vivir, especialmente, una vida de misericordia, posible gracias al amor generoso de Dios. Su Santidad nos recuerda «que el mundo no se salva afilando las espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos, sino más bien esforzándose incansablemente por comprender, perdonar, liberar y acoger a todos, sin cálculos y sin miedo». 

Este llamado a la misericordia no es abstracto. Es profundamente personal y concreto. Nos invita a perdonar agravios de larga data, a buscar la reconciliación en relaciones rotas—especialmente dentro de nuestras familias—, a cuidar de quienes sufren o están marginados, y a acoger a quienes buscan dignidad y paz. Para nosotros, como discípulos del Señor, una vida de misericordia no es opcional; es esencial. La misericordia no es debilidad. Es una poderosa expresión de fe y un signo visible de la presencia de Cristo en nuestras familias y en nuestro mundo.

Sin embargo, una vida de misericordia no puede perdurar a menos que esté basada en la oración. La misericordia se nutre de la oración. Sin esta, al igual que el activismo, termina perdiendo su esencia y se vuelve vacía. En la oración, nos presentamos con sinceridad ante un Dios que es «rico en misericordia» (Efesios 2:4), no como justos, sino como pecadores que necesitan su gracia. En una época llena de ruido constante y de innumerables voces que compiten entre sí, el tiempo que dedicamos al Señor—en la Eucaristía, en la oración personal silenciosa y en la escucha atenta de la Sagrada Escritura—es más necesario que nunca. A través de la oración, permitimos que Cristo moldee nuestros corazones y guíe nuestras vidas.  

Si este nuevo año nos encuentra caminando con Cristo con mayor determinación, escuchándolo cada día y permitiendo que su misericordia se manifieste en nuestras vidas, entonces no solo añadirá tiempo a nuestra vida, sino que nos renovará a nosotros, a nuestras familias y a nuestro mundo. 

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