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Noticias de la Arquidiócesis Católica de Atlanta

El camino hacia la paz se forja en todos los niveles

By OBISPO JOEL M. KONZEN, SM | Published 18 marzo, 2026  | Available In English

Recientemente tuve el privilegio de asistir a dos eventos interreligiosos. El primero fue la conmemoración del 60.º aniversario de la promulgación de Nostra Aetate, el documento del Concilio Vaticano II que redefinió la relación entre la Iglesia Católica y el pueblo judío. Esta ocasión tuvo lugar en el campus de la Escuela Marist. El segundo fue una cena Iftar en el Centro Carter, celebrada junto con el Ramadán y patrocinada por Atlantic Institute.

Bishop Joel M. Konzen, SM

Los dos eventos contaron con representantes de diversas iglesias y religiones; además de servir como verdaderos encuentros interreligiosos en los que clérigos, académicos y personas de buena voluntad del área de Atlanta se reunieron para reafirmar el valor del intercambio y el apoyo mutuo.  

En ambos eventos, me pidieron que dirigiera unas palabras a los asistentes. En la conmemoración del aniversario de Nostra Aetate, participé en un diálogo sobre las relaciones judeocristianas junto con el Rabino Noam Marans, director nacional de relaciones interreligiosas del Comité Judío Estadounidense. Juntos, exploramos algunos de los avances logrados en los 60 años transcurridos desde la publicación del documento, incluyendo una relación de trabajo más estrecha en Atlanta entre las más de treinta congregaciones judías y el Arzobispo Hartmayer—; además de algunas parroquias católicas específicas que están explorando o iniciando colaboraciones con sus contrapartes judías. 

Durante la cena de Ramadán en el Centro Carter, pronuncié un breve discurso sobre la Iglesia Católica en Atlanta y su relación con el Instituto Atlantic. En mis palabras, hice referencia a la voluntad de nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, de que la Iglesia Católica impulse el diálogo que ha tenido lugar en diversas ocasiones con líderes del Islam. En un discurso en mayo de 2025, el Papa León afirmó la necesidad de perseverar en una dirección de interés y entendimiento mutuos: «Hoy es tiempo de dialogar y de construir puentes». A continuación, se refirió de manera positiva a los representantes de otras tradiciones religiosas, describiéndolos como aquellos «que comparten la búsqueda de Dios y de su voluntad, que es siempre y únicamente voluntad de amor y de vida para los hombres y mujeres y para todas las criaturas». 

La tentación de calificar a una u otra de estas antiguas religiones como malévola o equivocada es fuerte, especialmente ahora que el conflicto en Medio Oriente vuelve a afectar a miembros de todas las religiones abrahámicas. No cabe duda de que los fanáticos de cualquier religión tienen la capacidad de distorsionar las intenciones de sus enseñanzas fundamentales. Sin embargo, el camino hacia la paz se forjará a través de iniciativas de pacificación en todos los niveles. Nuestro firme compromiso con la paz emana de las palabras de Jesús a quienes lo escuchan: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». Dado que la guerra y la destrucción constituyen una experiencia tan común e íntima para muchos en Medio Oriente, un pequeño papel que nosotros, los católicos, podemos desempeñar es mantener viva la esperanza de que se restablezca la paz, tanto a través de nuestra oración como mediante nuestras relaciones con las otras religiones.  

Al reunirse el año pasado en el Vaticano con líderes ortodoxos y musulmanes, el Papa León les dijo: «En un mundo herido por la violencia y el conflicto, cada una de [sus comunidades] aporta su propia contribución de sabiduría, compasión y compromiso para el bien de la humanidad y la preservación de nuestra casa común». Los eventos en los que participa nuestra Iglesia católica local y aquellos que apoya pueden reafirmar nuestro deseo de que las relaciones pacíficas sean la norma en nuestro trato con otras religiones y en la constante búsqueda de la unidad cristiana. Aún más importante que estos eventos es nuestro compromiso de ofrecer nuestras oraciones por la paz en nuestros hogares, en nuestra nación y en todo el mundo. Al ofrecer palabras de entendimiento mutuo, nunca pretendemos comprometer nuestras creencias, sino únicamente fortalecer los ya significativos lazos que se han cultivado a lo largo de los siglos.  

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