Georgia Bulletin

Noticias de la Arquidiócesis Católica de Atlanta

Ayuno o banquete con Cristo 

By OBISPO BERNARD E. SHLESINGER III  | Published febrero 4, 2026  | Available In English

Hay un pasaje en el Evangelio de San Mateo donde los discípulos de Juan el Bautista le preguntan a Jesús: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero tus discípulos no ayunan?»  y Jesús les responde: «¿Acaso pueden los invitados a la boda estar de luto mientras el novio está con ellos? Llegarán días en que el novio les será arrebatado, y entonces ayunarán». 

Bishop Bernard E. Shlesinger III

Bishop Bernard E. Shlesinger III

Cada año cuando reflexiono sobre mis prácticas cuaresmales pienso en ese pasaje de las escrituras. Recuerdo que cuando estaba pequeño, siempre dejaba de comer chocolate durante la Cuaresma y, un Domingo de Pascua, me decepcioné cuando recibí en mi cesta un conejito de chocolate hueco en lugar de uno macizo. Cuando pienso en la expectativa de mi niñez de obtener algo mejor en la Pascua, rápidamente comprendo que la vida es mucho más que hacer algo a cambio de una recompensa. El objetivo de mi esfuerzo debería haber sido adoptar una práctica que me llevara a una relación más profunda con Cristo, en lugar de una recompensa terrenal por mis esfuerzos. 

Mientras nos preparamos en esta Cuaresma, debemos preguntarnos repetidamente si nuestras prácticas cuaresmales están arraigadas en un resultado o si buscan la unión con Dios. Todos necesitamos aprender a decir “no” a los impulsos que nos llevan al orgullo y nos alejan de Dios y de los demás. Nuestras decisiones traen consecuencias, para bien o para mal. Sin embargo, la decisión de ayunar no debe apuntar a un programa de autodisciplina que solo conduzca a la autosatisfacción, la autosuficiencia y la vanidad.  

El objetivo de ayunar durante la Cuaresma es experimentar una metanoia, que en griego significa arrepentimiento, es decir, un cambio de mentalidad que conduzca a un cambio de corazón hacia Dios. Un buen ayuno puede consistir simplemente en dedicar menos tiempo al entretenimiento y más tiempo a escuchar al Señor en las escrituras, recibirlo con mayor frecuencia en los sacramentos e imitar su caridad en cada acción.  

Mi esperanza es que nuestras prácticas cuaresmales nos ayuden a desarrollar un mayor anhelo por la Eucaristía y el deseo de participar plenamente en el banquete del Esposo de la Iglesia. En el Evangelio de San Juan, Jesús habla de una forma de banquete que consiste en comer y beber aquello que da vida al alma: «No trabajen por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para la vida eterna». Jesús añade además una advertencia a este consejo para aquellos que pudieran buscar un camino alternativo al cielo a través de la autodisciplina únicamente: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes».  

Cuando planifiquemos nuestra Cuaresma nunca debemos caer en la complacencia ni ser meros espectadores durante la Sanya Misa. No estamos llamados a ver la Misa por Internet cuando podemos recibir a Cristo, verdaderamente presente, de la manera más íntima en la Eucaristía. Si sentimos que nos hemos alejado del Esposo, entonces necesitamos una conversión, y el ayuno puede formar parte de nuestros esfuerzos para encontrarlo de nuevo. Sin embargo, debemos recordar que cuando el Esposo está con nosotros, no es necesario ayunar, porque en Él tenemos todo lo que necesitamos para la vida eterna y la alegría duradera. 

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