Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

Renunciando al lenguaje hiriente para la Cuaresma

Published marzo 6, 2019

Después de nuestra celebración de la confirmación esta semana en la Iglesia de la Santa Cruz, un miembro del Consejo 10355 de los Caballeros de Colón entró a la sacristía para entregarme un folleto que anunciaba sus cenas anuales de pescado frito, programadas para los viernes de Cuaresma. Me aseguró que eran las mejores de toda la Arquidiócesis de Atlanta. Le dije que había escuchado opiniones similares de otros promotores de eventos como el suyo en las parroquias. Me respondió que ¡simplemente tendría que compararlos!

Muchos de nuestros negocios de comida rápida trasmiten este mismo tipo de mensaje promocional en los medios de comunicación para promocionar sus deliciosos sándwiches y tacos de pescado. Sabemos que la Cuaresma se aproxima cuando los Caballeros de Colón y los restaurantes populares compiten para ofrecernos comidas de mar. Podría decirse que nuestra tradición católica de comer pescado los viernes de Cuaresma se ha convertido en una empresa ecuménica e interreligiosa para muchos negocios. Incluso en comunidades donde los católicos no somos la mayoría, las ventas de pescado aumentan durante la Cuaresma. Quizás muchas personas en estos sitios no tengan idea de por qué el pescado es el menú preferido de los viernes. Por otro lado, nuestros católicos de la tercera edad pueden recordar una época en la que tanto los miércoles como los viernes de Cuaresma requerían un menú sin carne.

Mientras que la Iglesia requiere que nos abstengamos de comer carne los viernes de Cuaresma, no nos exige comer mariscos. De hecho, una joven ha retado al Papa Francisco a volverse vegano durante esta Cuaresma, aunque no sé si él ha aceptado su desafío. Las dietas durante la Cuaresma presentan algunos retos, especialmente para aquellos que no son amantes de la comida de mar. Para ellos, es una verdadera penitencia encontrar un marisco que les guste o una opción sin carne. Afortunadamente, o quizás desafortunadamente, yo soy un amante de los mariscos, por lo que el requisito de la Cuaresma de abstenerse de comer carne los viernes no es para mí una verdadera penitencia.

Sin embargo, como todos ustedes, también debo encontrar un modo de abnegación genuina como parte de mi propio recorrido de oración, penitencia y limosna durante la Cuaresma. Nuestro consumo de alimentos no es el único escenario en el que podemos encontrar una penitencia durante esta temporada santa. Dulces, cócteles y postres son opciones populares de penitencia. Sin embargo, pueden llegar a ser elecciones fáciles en comparación con otras opciones posibles, como abstenerse de los chismes y el lenguaje hiriente, de nuestro uso indisciplinado y desequilibrado de las redes sociales, o de las crueles críticas a los demás.

Para nosotros, puede ser una mejor penitencia considerar y restringir lo que sale de nuestras bocas que quizás lo que podríamos poner en ellas. Abstenerse de un lenguaje hiriente podría ser la penitencia más difícil que cualquiera de nosotros podría emprender esta temporada. Para hacerlo, necesitamos con urgencia los otros dos elementos de la práctica de la Cuaresma de la Iglesia: incrementar la oración y las obras de caridad. Esas dos actividades adicionales reforzarán nuestros esfuerzos por hablar con más amabilidad y, por consiguiente, crear un mundo mucho mejor para todos.

Como nos lo recuerda el Evangelio del domingo pasado, “Porque de la plenitud del corazón habla la boca”. Que durante esta Cuaresma nuestros corazones se llenen de paz, compasión y amabilidad para que las palabras que usemos contengan lo mismo.