Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

Oraciones navideñas para la gente de la Arquidiócesis

By ARCHBISHOP WILTON D. GREGORY, Comentario | Published diciembre 19, 2018

La Cuaresma dura casi dos semanas más que el Adviento, ¡pero ocasionalmente parece una temporada mucho más larga! La Cuaresma es la época principal de prácticas penitenciales de la Iglesia: más oración, ayuno y limosna. El Adviento también es un tiempo penitencial, pero es una temporada que está salpicada y cubierta por un espíritu de esperanza y expectativa. La Cuaresma está asociada con la abnegación y el Adviento con la anticipación. La Cuaresma es una temporada de privación, mientras que el Adviento es una temporada de optimismo y expectativa. El Adviento nos invita a recordar el nacimiento de Jesús en Belén y a prepararnos para esperar su segunda venida. Dos temporadas de penitencia con diferentes enfoques hacen que una de ellas parezca mucho más larga que la otra.
A medida que comenzamos esta última semana de Adviento, todos estamos preparados para la Navidad, especialmente nuestros pequeños. Continuamos vistiendo el color púrpura penitencial que nos recuerda que debemos participar en obras de oración y sanar nuestros corazones como preparación adecuada para la venida de Cristo. La mayoría de nuestras parroquias han programado o celebrado servicios de penitencia o han ofrecido horarios de confesión extendidos durante el Adviento. Este tiempo litúrgico más corto es también un momento para hacer una evaluación de nuestras vidas y pedirle perdón al Padre por nuestros pecados.
Este podría ser un buen momento para que los padres lleven consigo a sus hijos a confesarse, ya que ellos también deben arrepentirse por sus faltas. Una familia que asiste al Sacramento de la Reconciliación en preparación para la Navidad puede establecer el tono perfecto para la celebración del nacimiento del niño que viene a traer paz a la tierra y a los hogares y los corazones de las personas de todo el mundo.
La Navidad es una temporada en la que la mayoría de las familias encuentran una gran felicidad simplemente por el hecho de estar unidas compartiendo una comida festiva, desenvolviendo regalos, contando historias y alegrándose por la bondad y la alegría de pertenecer las unas a las otras. La Navidad también puede ser un momento melancólico para aquellos que viven demasiado lejos para estar con sus seres queridos, los militares que defiende nuestra libertad en lugares lejanos, nuestros primeros socorristas cuyos trabajos no les permiten tomar unos días libres en esta época y los enfermos o los ancianos que no pueden estar con sus familias. Estas personas deben permanecer en nuestras oraciones incluso mientras disfrutamos de la felicidad de esta temporada.
Las familias que tienen la bendición de tener niños pequeños disfrutan de la gracia especial de ver cómo sus ojos se iluminan de alegría por los regalos que reciben y la calidez de la generosidad de los padres y los abuelos. Nuestros niños son signos de la bondad de Dios y la grandeza del amor del Padre al haber compartido con nosotros a Su Hijo unigénito como nuestro salvador.
Mi oración para todas las personas de nuestra arquidiócesis es que esta temporada navideña sea un momento que fortalezca los lazos que nos unen y nos ayude a aumentar el cariño y la generosidad por aquellos que no tienen todas las bendiciones que a veces no apreciamos. Es mi deseo, que cada hogar en esta Iglesia local se llene de risas y felicidad el día de Navidad y durante todos los días del próximo año. ¡Feliz Navidad para todos, queridos hermanos!