Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

Los oradores de los discursos de apertura tienen una oportunidad para inspirar

By ARCHBISHOP WILTON D. GREGORY, Comentario | Published mayo 25, 2018

¿Cómo seleccionan las escuelas a quienes darán sus discursos de apertura? ¿Qué criterios utilizan? Esa es quizás una pregunta que muchos se han hecho durante esta temporada de graduaciones. Se la podrían haber hecho porque el orador de la ceremonia de graduación a la que asistieron pareció no ofrecer nada de importancia al evento, habló demasiado o reveló solamente la inclinación ideológica de la institución.

Yo me he hecho esa misma pregunta en más de una ocasión, incluyendo esta última semana cuando fui seleccionado para ser el orador del discurso de apertura de la graduación del Boston College. ¿Cómo me escogieron para ese honor? Espero que haya añadido algo al evento, no haya hablado mucho y haya reflejado claramente los valores y el compromiso religioso de la universidad jesuita.

Algunas instituciones seleccionan a los oradores de sus discursos de apertura debido a su importancia en el ámbito político, deportivo, corporativo o del entretenimiento. Tener una persona famosa hablando en una ceremonia de graduación sugiere que la escuela es una institución importante y prominente. Aunque no pienso que yo haya añadido mucho a la reputación ya bastante ilustre del Boston College, espero haber ofrecido una reflexión a los graduados y sus familias que los motive a continuar con el fino legado del aprendizaje jesuita ofrecido en esta universidad.

Este año la preparatoria de la Arquidiócesis de Atlanta, Blessed Trinity, tomó una excelente decisión al haber elegido para su discurso de apertura a Kyle Marchuk, un antiguo alumno que se graduó de la misma escuela en 2011. Kyle no es una persona famosa (aún) — excepto quizás para su novia y sus muy orgullosos padres. Él todavía se encuentra al inicio de su carrera profesional, con muchos años todavía por delante. Es un hombre joven de 26 años de edad que elocuentemente invitó a la clase de BT de 2018 a escuchar atentamente la trayectoria de su todavía corta vida. Los aconsejó bien en sus observaciones sobre saborear sus experiencias universitarias. Habló sobre la importancia de nuestra fe católica en su vida y en la de ellos.

Su joven testimonio fue mucho más persuasivo que el que cualquier persona sabia y bien establecida pudiera haber expresado bajo circunstancias similares. Cuando eres una persona consumada que ya ha navegado muchos de los retos de la vida y alcanzado el éxito, sin duda tienes sabiduría para ofrecer a graduados de preparatoria. Cuando eres un clérigo distinguido que ha llegado a un alto cargo eclesiástico, puedes obviamente, y con frecuencia, hablar sobre la importancia de nuestra fe. Cuando eres ampliamente reconocido como deportista, funcionario electo o actor, puedes asesorar a jóvenes sobre cómo manejar el éxito.

Sin embargo, cuando eres un joven de 26 años de edad que aún tiene muchas millas por recorrer en la vida y que ya ha encontrado que su fe es una compañera importante, quizás puedas llamar la atención de jóvenes en maneras que ninguna de las otras personas en esas notables categorías podría hacerlo. Kyle es también un joven que hace poco se sentó en esas mismas sillas que hoy ocupa la clase de 2018. Él puede recordar su nerviosismo, y todavía se ve y suena muy similar a ellos. Así que cuando habló de la importancia de su fe, el suyo fue un testimonio indiscutible.

Aplaudo a la Preparatoria Blessed Trinity por haber elegido a un orador cuyas palabras estuvieron clara y apropiadamente dirigidas a los corazones y oídos de nuestros jóvenes. Oro para que la clase de Blessed Trinity de 2018 las haya escuchado y les preste atención.