Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

The Coalition of Refugee Service Agencies hosted the Georgia Loves Refugee event Feb. 14 at the Clarkston Community Center. Participating in a panel discussion were, left to right, Emily Laney, chair of CRSA and director of Disaster Response, Refugee and Immigration Services, Lutheran Services of Georgia; Doris Mukangu, co-founder/COO, Amani Women’s Center and the Johari Africa Project; Ehsan Azarang, of the missions department, Mount Paran Church; Niza Vang, Global Village Project alum and Meadowcreek High School student; and Bahadur Subba, naturalized citizen and resettlement manager, Catholic Charities of Atlanta.

Clarkston

Evento en Clarkston destaca contribuciones de comunidad de refugiados

By ANDREW NELSON, Staff writer | Published febrero 22, 2018

CLARKSTON—Bahadur Subba pasó 13 años en un campamento de refugiados, al que llegaron más de 100.000 personas huyendo y en búsqueda de protección.

“No había ninguna ayuda. Estábamos justo a la orilla del río”, dijo Subba de 49 años de edad, sobre el campamento.

De ascendencia nepalí, Subba era miembro de un grupo minoritario en Bután, un país en las montañas del Himalaya oriental. Su clase gobernante promulgó el programa “Una Nación, Un Pueblo” en la década de 1980 y forzó a su gente fuera del país. Las leyes los obligaron a huir, a pesar de que su padre servía en el ejército. Las fuerzas de seguridad arrestaron a Subba por protestar.

Más tarde obtuvo su grado y desarrolló un programa escolar en el asentamiento. Con el paso de los años, se mudó lejos. Nunca se estableció en un lugar porque ningún país lo aceptaba permanentemente. Cuando se casó y comenzó una familia, supo que no quería lo mismo para su hijo, quien solo tenía unos cuantos años de edad. No quería que su pequeño no tuviera un país al cual llamar hogar. Cuando tuvo la oportunidad de asistir a un programa de liderazgo de tres días patrocinado por las Naciones Unidas en New York, la aprovechó. El cuarto día, actuó. Dijo que “dejó su corbata y traje, y se fue a trabajar”.

Dependía de una red de inmigrantes butaneses para navegar el terreno desconocido de los Estados Unidos, trabajar en una tienda de sándwiches y conseguir un abogado que tomara su caso sin cobrar honorarios. Presentó una petición para recibir asilo. Estaba indocumentado, mientras esperaba por una decisión. Pasaron tres años antes de que volviera a ver a su esposa y a su hijo.

Finalmente le otorgaron el asilo, ahora sirve a la comunidad de refugiados como gerente de reasentamiento en Caridades Católicas Atlanta. Su hijo tiene 15 años y cursa su primer año de secundaria. Su esposa trabaja cuidando niños en un programa de reasentamiento.

Programa de refugiados persiste, a pesar del descenso

Subba habló en un panel de refugiados y activistas el 14 de febrero en el segundo evento de Georgia Quiere a los Refugiados en el Centro Comunitario de Clarkston. La coalición de Agencias de Servicio a Refugiados (CRSA por sus siglas en inglés) fue la sede del evento.

Un total de 18 agencias, miembros de la CRSA, trabajan para establecer refugiados en Georgia, pero el esfuerzo enfrenta turbulencias políticas. Los cambios en la política federal han reducido el número de refugiados que ingresan al país.

En 2017, el Presidente Donald Trump estableció una meta de aceptar cerca de 45.000 refugiados, pero incluso esa cifra históricamente baja no está en camino de ser cumplida. De octubre de 2017 a enero de 2018, 228 refugiados llegaron a Georgia. En contraste, en los últimos meses de 2016 cerca de 1.000 refugiados llegaron al estado.

Desde octubre de 2017, Caridades Católicas Atlanta ha servido a 16 clientes refugiados. Hace un año, el personal recibió en el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson Atlanta a más de 170 mujeres, hombres y niños, dijo Frances McBrayer, directora senior de los Servicios de Reasentamiento de Refugiados de Caridades Católicas Atlanta.

Los 20 funcionarios en el departamento se están adaptando a los números esporádicos.

“Estamos tratando de enfocarnos en quienes están aquí y en lo que necesitan”, dijo McBrayer, quien tiene una licenciatura y una maestría en trabajo social.

Ellos están intentando servir a las víctimas de tráfico humano y a otros que pudieran no haber sido servidos en el pasado pero que son elegibles para recibir capacitación laboral, asistencia financiera y beneficios públicos.

McBrayer dijo que su personal se ha reducido en dos posiciones debido a la situación. Añadió que la agencia está trabajando para mantener las habilidades del personal con nuevas funciones en la entidad sin fines de lucro.

La Iglesia Católica valora claramente la dignidad de los refugiados, dijo McBrayer. Ella reitera ese punto a las personas que apoyan el recorte de programas para refugiados.

“Eso es una gran parte de lo que significa el reasentamiento de refugiados”, practicar la doctrina social católica, dijo. El objetivo de ayudar a los refugiados es asistir a las familias a encontrar “un lugar seguro”, dijo.

Algunas encuestas han demostrado que los católicos están apoyando más a los refugiados y los inmigrantes. En 2017, el Pew Research Center encontró que cerca de seis de cada 10 católicos estuvieron en desacuerdo con la prohibición a viajeros del Presidente Trump, que evitaba que los refugiados y otras personas de siete países de mayoría musulmana ingresaran a los Estados Unidos. Sin embargo, según la encuesta, la mayoría de los católicos blancos apoyaron la prohibición.

Georgia quiere a los refugiados

Un oriundo de Irán no pudo regresar a su país después de servir como misionero cristiano en el Medio Oriente. Una estudiante de secundaria perdió cuatro años de educación después de que su familia huyera de Birmania, pero fue seleccionada recientemente como alumna del mes en su escuela secundaria del condado de Gwinnett. Otra persona comenzó un negocio para mostrar los talentos de las mujeres refugiadas.

Estos fueron los testimonios de vida que compartieron los miembros del panel sentados en el escenario durante el evento en el Centro Comunitario de Clarkston, una ciudad apodada como la más diversa en América. Camisetas para la venta con el slogan “Georgia quiere a los refugiados” con un gran corazón rojo se encontraban apiladas sobre una mesa. Refrigerios de dos empresas iniciadas por refugiados, Refugee Coffee y Sweet, Sweet Syria, estuvieron a la venta.

Durante el evento, la coalición de grupos con base religiosa y sin fines de lucro entrego su evaluación sobre el reasentamiento de refugiados. El resumen ejecutivo del grupo señaló que están llegando menos familias nuevas y compartió algunos puntos positivos.

Paedia Mixon, directora de Nuevos Caminos en America, dijo que a pesar de las políticas, los residentes de Georgia reciben con beneplácito a los refugiados. Creada en octubre de 2014, Nuevos Caminos en América surgió de una fusión del Reasentamiento de Refugiados y Servicios de Inmigración de Atlanta (RRISA por sus siglas en inglés) y los Servicios Familiares para Refugiados (RFS por sus siglas en inglés), dos organizaciones con un fuerte legado de servicio a la comunidad de refugiados de Atlanta. Nuevos Caminos en América proporciona herramientas a cerca de 5.000 refugiados cada año para que puedan reconstruir sus vidas y alcanzar el éxito.

“Nos hemos dado cuenta de que somos más fuertes si estamos unidos. Los refugiados son personas maravillosas que aportan cosas increíbles a nuestras comunidades”, dijo Mixon. Están llegando menos aquí, pero eso demuestra cómo ellos contribuyen al estado, dijo.

“Son unas de las personas más fuertes del planeta”, añadió.

Para Subba, el viaje de su hogar a un campamento de refugiados, y luego a los Estados Unidos, terminó en enero, cuando se juramentó como ciudadano de los Estados Unidos. Eso le dio la tranquilidad que buscaba desde que la represión en su país natal lo obligó a huir.

“Una vez obtuve los papeles (la ciudadanía) supe que esa era la libertad que estaba buscando. “Fue un alivio”, comentó.