Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

Travelers from Puerto Rico visiting Atlanta for the International Stewardship Council conference were stranded in the city until Sept. 28 because of Hurricane Maria. Shown are: (left) Father Milton Rivera Vigo; (back row, l-r) Kathy Hampton, Deacon Bill Hampton, Radames Colon, Father Carlos Santiago and Hiram Diaz; (front row, l-r) Father Rafael Garcia, Lissette Ortiz, Donna Groover and Ken Groover.

Atlanta

Católicos de Atlanta abren sus corazones a puertorriqueños en dificultades

By ANDREW NELSON, Staff writer | Published octubre 6, 2017

ATLANTA—Varios residentes de Puerto Rico forzados a permanecer en Atlanta encontraron ayuda en la comunidad católica después de que el Huracán María destruyera su isla nativa.

Muchos grupos e individuos ayudaron a los siete viajeros durante la semana adicional en la que estuvieron en Atlanta. Ellos regresaron a la isla destruida el jueves, 28 de septiembre.

Los tres sacerdotes y cuatro laicos se encontraban en Atlanta asistiendo a la conferencia del Consejo Católico Internacional de Corresponsabilidad cuando el Huracán María azotó la isla el miércoles, 20 de septiembre, cerca del final de la conferencia. El Diácono Bill Hampton, de la Iglesia de St. Matthew en Tyrone, habló durante el evento sobre la labor de Catholic Relief Services, la agencia de la Iglesia Católica de los Estados Unidos que proporciona ayuda internacional. Después de su charla, el grupo se le acercó y le pidió ayuda.

“Todos vamos a necesitar ayuda en un momento u otro. La gente sencillamente abrió sus corazones”, dijo el Diácono Hampton, quien es parte de Catholic Relief Services.

El grupo descansó durante algunos días en la Casa de Retiros Jesuita de San Ignacio en Atlanta. Ellos acompañaron al Padre Jaime Rivera, un nativo de Puerto Rico, durante la misa en la Iglesia de St. Thomas Aquinas en Alpharetta. Los feligreses de esa iglesia también sirvieron al grupo, e incluso lavaron su ropa.

Por supuesto, lo primero que los feligreses hacían era “realmente preguntar, ‘¿cómo podemos ayudar?’ La gente fue realmente acogedora” con los visitantes, dijo.

El Padre Rivera, quien es uno de los cinco sacerdotes puertorriqueños que sirven en la Arquidiócesis de Atlanta, dijo que el grupo de sacerdotes está compartiendo las noticias que escuchan acerca de la recuperación de la isla.

“Es terrible. No hay un día en el que yo no llore”, dijo el Padre Rivera, quien ha hablado a través de conexiones telefónicas esporádicas con su familia, la cual se encuentra a salvo. La destrucción de la infraestructura hace que la vida sea muy difícil, dijo.

En la Iglesia de St. Mary en Rome, el Padre Rafael Carballo, quien es párroco y todavía tiene familia en la isla, dijo que la devastación toco cada rincón del país; y añadió que “cada familia está sufriendo las consecuencias de una terrible y aterradora tormenta. Sin agua, sin electricidad, sin comunicaciones, con inseguridad e incertidumbre”. Dijo que ha enviado 20 cajas y dinero para socorrer a la gente, ya que piensa que “la dignidad de todo ser humano debe ser elevada”.

Otros sacerdotes de Puerto Rico que sirven en la arquidiócesis incluyen el Padre José Luis Hernández Ayala, párroco de la Iglesia de St. Mark en Clarkesville; el Padre Luis Álvarez, vicario parroquial en la Iglesia de St. Theresa en Douglasville; y el Padre Juan José Hernández, Legionario de Cristo, quien es capellán de Regnum Christi.

El Arzobispo Wilton D. Gregory envió un mensaje al grupo de sacerdotes de Atlanta, en el cual expresó su preocupación por ellos y por sus familias.

“Me gustaría enviarles mis sentimientos de compasión y de amor, y asegurarles que estoy orando para que nuestro Señor les dé a ustedes y a sus familias la fortaleza necesaria para que puedan superar este difícil momento y recuperarse después de este devastador desastre natural”, escribió.
Los viajeros que tuvieron que permanecer en Georgia se trasladaron más cerca del Aeropuerto Internacional de Atlanta Hartsfield-Jackson, ya que querían estar preparados para el momento en el que se reanudaran los vuelos a la isla. Fue entonces cuando recibieron ayuda de los feligreses de la Iglesia de St. Matthew y de otras personas, dijo el Diácono Hampton.

Tres familias recibieron al grupo en sus casas para compartir con ellos, orar y bridarles comida, y muchos más estuvieron listos y dispuestos, dijo el Diácono Hampton. Una familia le prestó al grupo un carrito de golf para que pudiera transportase alrededor de Peachtree City. Catholic Charities Atlanta pagó por tres noches de estadía en un hotel. Varios líderes del Consejo Católico Internacional de Corresponsabilidad también hicieron una donación para ayudarlos.

El ánimo de los viajeros decayó a medida que vieron la destrucción en su hogar y que los vuelos fueron cancelados. Las historias de largas líneas y otros problemas de sus familias, que estaban ilesas, causaron que la espera fuera aún más frustrante.

En la Compañía Camaronera de Georgia en la ciudad de Peachtree, los propietarios del restaurante Dee y Anthony Murphy invitaron al grupo a una comida especial sin costo alguno para aliviar su tensión. “Por un instante fuimos simplemente un grupo de amigos disfrutando de buena comida, buen vino y buena conversación”, dijo el Diácono Hampton.

Antes de regresar a sus hogares, el diácono les entregó 60 luces solares, decenas de bolsas con productos de higiene personal y otros suministros solicitados por los organismos de socorro.

El grupo partió el 28 de septiembre, después de una notificación que les solicitaba estar en el aeropuerto a las 5:00 a.m. El Diácono Hampton se enteró alrededor de las 2:30 p.m. de que los cinco viajeros habían llegado finalmente a casa.

“Ellos permitieron que muchos de nosotros pudiéramos ser las manos y los pies de Cristo”, dijo.