Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

La protección para las criaturas de Dios incluye a los animales y a las personas

By ARCHBISHOP WILTON D. GREGORY, Comentario | Published mayo 2, 2018

Varias semanas atrás, una jovencita encantadora que estaba a punto de hacer su primera reconciliación y sagrada comunión me pidió una cita para entrevistarme para un proyecto escolar. Me encantó poder acomodar su solicitud. Su madre la llevó a mi oficina para la reunión. Llegó bien preparada con una libreta de apuntes y sus preguntas escritas.

Después de hacer todas las preguntas que tenía planeadas, comenzó a improvisar. Me preguntó si yo tenía alguna mascota. Le dije que no, porque no tenía el tiempo necesario para cuidar adecuadamente de una, pero que me gustaban los animales y era amante de los perros. Ella pareció bastante complacida con mi respuesta, pero de alguna manera decepcionada con el hecho de que yo no tuviera una mascota.

Un par de semanas más tarde, recibí unas galletas caseras y dos “mascotas de piedra” como agradecimiento por la entrevista, la cual me dijo le había otorgado una muy buena calificación. Conservé una de las mascotas de piedra en mi oficina, la que ella había decorado con una peluca increíble de color rosa eléctrico, y me llevé la otra a casa. Para la mayoría de la gente, las mascotas son muy importantes y el maltrato de los animales a menudo genera indignación cuando es descubierto. Incluso el Papa Francisco nos amonesta a respetar el designio de Dios de incluir a los animales como parte de su bondadosa creatividad (Laudato Si’ 92).

Cuando alguien abusa de un animal, las personas se escandalizan y ofenden con toda la razón. Ocasionalmente ese ultraje se codifica públicamente en leyes. Sin embargo, hay una inconsistencia que a veces pudiera presentarse en este sentido. El maltrato animal es reconocido legítimamente como inhumano, pero algunas de las mismas personas que se enfurecen ante tal comportamiento también continúan considerando la destrucción de la vida humana dentro del vientre de una madre como un simple derecho o una elección. Algunos individuos que lamentan el abuso de un animal también abogan fuertemente por la imposición de la pena capital sobre personas, muchas de quienes tienen historias personales no muy lejanas de la cruda realidad. Algunas de las personas que arremeten contra el abuso de un animal no ven por qué los inmigrantes no deberían ser devueltos a los países donde han vivido brevemente durante su infancia y con los que ahora tienen poca o ninguna conexión.

Estoy de acuerdo que debemos cuidar de los animales con un profundo sentido de respeto que refleje nuestra propia dignidad humana, pero también debemos cuidar de las personas, incluso de aquellas que aún no han nacido, con el mismo sentido de reverencia. Los presos, los inmigrantes y los pobres son a menudo igualmente vulnerables a la explotación como lo son los animales cuyo abuso causa que muchas personas reaccionen con total indignación. Salvar a mascotas o a especies en peligro de extinción y a animales de granja del maltrato y la crueldad no debe ser una práctica limitada al reino animal.

La jovencita que me dio las “mascotas de piedra” fue muy dulce al pensar que incluso el arzobispo se beneficiaría de tener una mascota. Lo que me recordó fue que nuestro amor por todas las criaturas de Dios debe incluir incluso a aquellos hermanos que algunas personas podrían considerar inconvenientes, prescindibles y molestos.

Ahora que esta jovencita se prepara para recibir la Eucaristía por primera vez, pido que su unión con Cristo continúe moldeando y formando su joven corazón con la gracia de respetar a toda la creación de Dios, comenzando con cada uno de aquellos que están hechos a su propia imagen y semejanza para su gloria. ¡Es por eso que disfruto pasar tiempo con nuestros niños, ellos parecen ayudarme siempre a recordar la bondad de Dios!