Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

Bienaventurados los que lloran

By CLIFFORD YEARY, Director Asociado, Estudio Bíblico de Little Rock | Published agosto 3, 2017

Este es el 3º artículo de una serie de diez.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.” — Mateo 5,4

Las Bienaventuranzas son bendiciones que se dirigen a los seguidores de Cristo, en primer lugar, y a las multitudes de posibles seguidores. Las multitudes probablemente se sentirían algo confundidos ante muchas de las bendiciones. ¿Es acaso una bendición ser pobre de espíritu? ¿Somos bienaventurados si lloramos? No es distinto para nosotros hoy día, particularmente si por error igualamos ser bienaventurados con felicidad.

Cuando hacemos eso, probablemente nos inclinaremos a ver la bendición de los que lloran simplemente como promesa de felicidad futura. Ciertamente, nos dolemos en el presente cuando perdemos a un ser querido, y a menudo la única felicidad que podemos alcanzar es que nuestra fe y esperanza nos dice que nuestro ser querido está entrando en una nueva vida de felicidad eterna en Cristo. Y tendremos razón, porque es verdad.

Pero eso no es el significado nuclear de la segunda bienaventuranza. Jesús les dice a sus discípulos que son bienaventurados precisamente porque lloran. Dios responderá a su llanto consolándolos. Los que no lloran se pueden saber cómodos, pero les falta el Consuelo que Dios dará a quienes lloran.

Esto estará todavía más claro para quienes han experimentado el dolor como oración. El duelo como forma de oración es más que el dolor que se experimenta con una pérdida. El duelo en este sentido es el ofrecimiento a Dios de nuestra experiencia de pérdida — incluso si hay enojo contra Dios porque sentimos que de alguna manera Dios estuvo implicado en el llevarse a nuestro ser querido.

Israel conoció este tipo de duelo.

Pero ahora nos rechazaste y humillaste:
Dejaste de salir con nuestro ejército,
Nos hiciste retroceder ante el enemigo
Y nuestros adversarios nos saquearon. (Salmo 44,10-13)

Tanto si existe o no incluso un rastro de ira en nuestro duelo, cuando se ofrece el duelo como oración, ésta es una oración que escuchará Dios.

Hay sin embargo algo más que también se contiene en esta bienaventuranza. Nos dice que debemos llorar. En el momento en que Jesús dijo las Bienaventuranzas, sus discípulos no estaban llorando, y con razón. Pero llegaría el momento en que llorarían, y también con razón.

Entonces se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos? Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado y entonces ayunarán (Mateo 9,14-15).

Aquí, el duelo (con ayuno) será la respuesta que tengan los discípulos cuando se lleven a Jesús de su lado. Por supuesto, también es en Mateo donde entendemos que Jesús nunca está verdaderamente ausente de nuestro lado.

“Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy presente en medio de ellos” (18,20).

“Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” (28,20).

Y por tanto, continuamos viviendo nuestras vidas en Cristo como quienes lloran y se alegran, con buenas razones para ambas cosas. Pero nuestro duelo, si es orante y arraigado en la Biblia, no será un duelo por nuestras pérdidas personales. Estamos llamados a llorar juntos, como cristianos. Se nos llama a esto comunitaria y litúrgicamente en los ritos penitenciales y durante la Cuaresma. Seguimos doliéndonos por nuestra participación en el pecado humano, el pecado que envió a Jesús a sufrir y morir en la cruz.

Pero hay algo más en nuestro duelo orante. Cuando Jesús bendijo a los que lloran, debemos reconocer el dolor comunitario que afligía a Israel como nación. Recuerden el dolor que se menciona en el Salmo 44. Israel ansiaba el día en que las promesas de un reino restaurado traerían el reino de Dios y el gobierno de la justicia en la tierra. Se lamentaban que sin el gobierno de Dios, triunfaba la injusticia. Las necesidades de los pobres, los enfermos, los huérfanos, y el que las viudas estaban descuidadas. Miremos claramente a nuestro mundo, nuestra nación, nuestras comunidades, y en oración, lloremos cuando sea apropiado.

Preguntas para la reflexión y discusión

¿Cuándo ha sido el duelo parte de tu vida? ¿Pudiste encontrar consuelo de Dios y de otras personas? ¿Estás aún buscando consuelo?

Qué piensas sería distinto sin fe y sin el dolor como oración? What do you think would be different between grief without faith and grief that is a prayer? (Ver 1 Tesalonicenses 4,13-14.)

¿Cuáles son las experiencias más notables que has tenido de participar en servicios penitenciales y liturgias de Semana Santa?

¿Cuáles son algunas de las circunstancias actuales que se presentan a nuestro mundo, nuestra nación, nuestras comunidades, que deberían mover los corazones de los creyentes al duelo?


Este artículo fue originalmente publicado en el Arkansas Catholic el 8 de abril de 2017. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.