Georgia Bulletin

The Newspaper of the Catholic Archdiocese of Atlanta

Es más seguro ser un aficionado que un seguidor

By P.J. EDWARDS, Especial para el boletín | Published abril 20, 2017

Nuestra directiva es ser seguidores de Jesús, pero algunas de sus acciones, y los resultados derivados de estas, hacen que seguirlo sea un gran reto. Jesús hizo algunas cosas bastante peculiares y se metió en problemas con líderes religiosos y políticos, e incluso a veces con su madre. Por lo tanto, me resulta más tentador ser su “aficionado” que su “seguidor”.

Cristo realizó muchas obras de caridad, y claramente se preocupó y pasó tiempo con los pobres, los marginados y los relegados. Intentar seguir los pasos de Jesús en este sentido puede ser a veces difícil, pero no imposible. Además, hacer obras de caridad, como visitar a personas que un gobierno está deteniendo o pasar tiempo con los ancianos o trabajando junto a los pobres, generalmente mejora la reputación de una persona y rara vez ocasiona que se meta en aprietos. De hecho, si Jesús solo hubiera realizado obras de caridad, no hubiera sido detenido, torturado, condenado como un criminal y crucificado. Quizá incluso nunca hubiéramos oído hablar de él en la actualidad ni tendríamos un motivo para participar en este tiempo de Pascua.

Sin embargo, Jesús no limitó su ministerio a obras de caridad. Él fue rotundamente crítico de las estructuras sociales injustas que explotaban a los pobres. Desafió a los líderes religiosos y los llamó hipócritas. Jesús habló de reorganizar el poder político. Él volcó las mesas con dinero en el templo y en el trascurso de esa semana fue crucificado. Pero ¿estamos nosotros también llamados a seguir estas acciones?

El Arzobispo Dom Hélder Pessoa Câmara dijo esta famosa frase, “Cuando doy comida a los pobres, me llaman Santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

La idea de que tengamos alguna responsabilidad para cambiar las estructuras injustas en nuestra sociedad no es un tema popular. Sin embargo el ejemplo de Jesús y nuestra fe católica nos dicen que tenemos la responsabilidad de involucrarnos cívicamente y que debemos medir nuestra sociedad según la manera en la que trata a los más necesitados entre nosotros.

Muchos podrían encontrar sorprendente el hecho de que los católicos tengan el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (disponible en http://www.vatican.va). Basta con leer la tabla de contenido para que esto pudiera preocupar bastante a algunos. Nuestros propios obispos en los Estados Unidos nos dicen que preocuparnos por la forma en la que organizamos nuestras sociedades es una parte constitutiva de nuestras creencias católicas (consulte USCCB.org “Doctrina Social”).

Parece difícil eludir el hecho de que estamos mandados a participar en algunas de las obras sociales que hacen que seguir a Jesús sea un poco más arriesgado para nuestra popularidad o quizás para otras cosas más significativas. La buena noticia es que esta preocupación por la justicia está profundamente arraigada, no en una ideología política, sino en el amor. Si elegimos “obras de misericordia” o “caridad” esto nos permite entablar una relación amistosa con el hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo y el preso, nuestro amor por nuestro prójimo nos impulsa a corregir aspectos injustos de nuestra sociedad que han perjudicado a algunos de aquellos hermanos y hermanas entre nosotros.

Esta idea de defender al prójimo que surge de la preocupación por nuevos amigos ha sido mi experiencia personal. En un corto tiempo, mi comunidad parroquial ha llegado a ser de mayoría inmigrante. Mientras que estos inmigrantes son muy capaces, son marginados, a veces desprestigiados y definitivamente explotados. Mi familia se ha hecho amiga de muchos de estos inmigrantes, y hemos aprendido muchísimo de ellos.

Ver a la gente que amas estar atrapada y maltratada por sistemas injustos es una gran motivación para intentar volcar estos sistemas hacia la justicia y el amor. Además de hablar con nuestros representantes electos, otra forma en la que abordamos las preocupaciones sociales es esparciendo la voz a través de la educación, el diálogo y la experiencia personal. Por ejemplo, un grupo de nosotros lleva a cabo sesiones educativas sobre temas de inmigración para explicar cómo funciona actualmente el sistema de inmigración de los Estados Unidos, el cual es muy diferente al que enfrentaron mis abuelos. También hemos liderado sesiones de diálogo entre aquellos que han inmigrado recientemente y personas nacidas en los Estados Unidos. Dichos intercambios permiten a los participantes ver los temas complicados a través de los ojos del otro. Por último, llevamos a grupos de personas a visitar centros de detención de inmigrantes administrados en nombre del gobierno de los Estados Unidos. Más regularmente, nuestros visitantes se reúnen con personas que buscan asilo después de huir de la violencia y la pobreza en sus países de origen. Como parte de todos estos programas, motivamos a la gente a considerar los sistemas en juego y a compartir preocupaciones que pudieran discutir con sus comunidades y funcionarios electos.

Mi esperanza para esta Pascua es que otros se enamoren de nuevos amigos y se involucren en otras formas en las que podemos practicar nuestra fe, trabajando para transformar las estructuras sociales inequitativas y, de esta manera, reflejar el amor que Cristo tiene por todos y cada uno de nosotros.


P.J. Edwards es actualmente el director de una firma de consultoría de tecnología informativa. Es miembro fundador del albergue El Refugio, copresidente de la junta de los Ministerios de JustFaith y miembro de la junta directiva de la Red de Vigilancia de Detenciones. Él y su familia son feligreses de St. Thomas the Apostle Church en Smyrna.